A CONTINUACIĂN, REPRODUCIMOS UN ESTUDIO DE JAMES M. ROBERTS DE HERITAGE FOUNDATION.
En AmĂŠrica Latina y el Caribe, el viejo debate del siglo XX sobre si formar parte del sistema capitalista global hace tiempo que acabĂł, siendo sustituido por un consenso virtual acerca de la importancia del comercio y la inversiĂłn internacionales. Sin embargo, ha surgido una nueva divisiĂłn sobre cĂłmo abordar el auge de las economĂas asiĂĄticas.
Localizados en su mayor parte en la vertiente oriental de los Andes, un grupo de Estados, incluidos los regĂmenes de la âAlianza Bolivarianaâ (ALBA), es decir, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, mĂĄs la peronista Argentina, han adoptado un modelo de Estado centralista para aprovechar, entre otras cosas, los prĂŠstamos e inversiones que frecuentemente acompaĂąan el incremento del comercio con paĂses estatistas como China.
En la parte oeste del continente, sin embargo, se encuentra la Alianza del PacĂfico, con Chile, Colombia, Costa Rica, MĂŠxico, PerĂş y posiblemente PanamĂĄ, cuyos miembros adoptan un enfoque de mercado, con el Estado centrado en mejorar la transparencia y la eficiencia en los flujos de capitales, bienes e ideas y en ampliar la confianza de los inversores en el Estado de Derecho, el cumplimiento de los contratos y la protecciĂłn de la propiedad intelectual y material. Los beneficios a largo plazo, reflejados en la voluntad de continuar con estas normativas, se hacen patentes con un simple vistazo a sus respectivos niveles de libertad econĂłmica.
SegĂşn las cifras: La Alianza del PacĂfico gana el debate
Los paĂses de la Alianza del PacĂfico, que cuentan con unos ingresos per cĂĄpita que estĂĄn muy por encima tanto de los de la ALBA como de los de China [1], tambiĂŠn estĂĄn muy por delante de los de la ALBA en lo que respecta a la atracciĂłn de inversiĂłn extranjera directa (como porcentaje del producto interior bruto o PIB), lo que resulta en mĂĄs crecimiento econĂłmico y creaciĂłn de empleo.
Una economĂa latinoamericana dominada por el corporativismo clientelista y los gobiernos de corte polĂtico populista erosionarĂa los valores que han afianzado la prosperidad en Occidente y obstruirĂa el Ăłptimo desarrollo econĂłmico de la regiĂłn. Las oportunidades para la corrupciĂłn y la mala administraciĂłn tanto pĂşblicas como en el sector privado se extenderĂan en proporciĂłn al incremento del nĂşmero de grandes acuerdos interestatales. De hecho, es algo que ya estĂĄ sucediendo. SegĂşn el analista de informaciĂłn del mercado latinoamericano John Price, âChina es la mayor fuente de prĂŠstamos blandos para los gobiernos de SudamĂŠrica⌠[Ăsta es] una estrategia a largo plazo para garantizarles a las empresas chinas el acceso a la importaciĂłn de materias primas baratasâ[2].
QuĂŠ hacer
Es de vital interĂŠs para Estados Unidos y LatinoamĂŠrica que todas las naciones del hemisferio Occidental se definan segĂşn los principios de libre mercado, libre comercio y Estado de Derecho. Estos son los cĂŠlebres principios centrales del Ăndice de Libertad EconĂłmica, publicado anualmente por la FundaciĂłn Heritage y el Wall Street Journal [3].

Estados Unidos puede ayudar a AmĂŠrica Latina
El gobierno de Estados Unidos no sĂłlo deberĂa respaldar iniciativas como la Alianza del PacĂfico, sino tambiĂŠn poner en marcha reformas similares en nuestro paĂs. AdemĂĄs, deberĂa fomentar un verdadero Acuerdo TranspacĂfico orientado al libre comercio asĂ como acuerdos bilaterales y multilaterales que fortalezcan los principios de la libertad econĂłmica y el Estado de Derecho.
A travĂŠs del Departamento de Estado de Estados Unidos y la CorporaciĂłn para el DesafĂo del Milenio, el gobierno de Estados Unidos puede hacer aĂşn mĂĄs para fortalecer las capacidades institucionales de sus socios latinoamericanos mediante el aumento de la ayuda tĂŠcnica en la negociaciĂłn de acuerdos comerciales, el fortalecimiento de las capacidades tĂŠcnicas y administrativas aduaneras, la lucha contra el blanqueo de dinero y otros delitos financieros, la protecciĂłn de la propiedad intelectual y un mejor cumplimiento de las leyes comerciales.
La posiciĂłn de Estados Unidos deberĂa dejar al descubierto las falsas promesas de las ĂŠlites populistas (por ejemplo, en los paĂses de la ALBA) que firman acuerdos desfavorables para sus paĂses a cambio de beneficios a corto plazo y que les permiten saldar cuentas con los principales grupos que las respaldan. Estados Unidos no deberĂa tener miedo de trabajar con una comunidad de naciones dispuesta a restringir el acceso a los mercados y a los prĂŠstamos internacionales a regĂmenes que de manera sistemĂĄtica rehĂşsan cumplir las reglas de juego. TambiĂŠn deberĂa preocuparse por demostrar que estĂĄ luchando por el bienestar del continente, no sĂłlo por proteger los intereses particulares de las empresas de Estados Unidos.
Liderar con el ejemplo
Durante muchos aĂąos, Estados Unidos no ha conseguido expresar claramente al resto del continente los principios que defiende. Y tampoco ha ejercido su liderazgo ni ha dado muestras de disposiciĂłn a participar en una autĂŠntica colaboraciĂłn con los aliados de la regiĂłn. Mientras LatinoamĂŠrica continĂşa perfeccionando la definiciĂłn del rĂŠgimen que prevalecerĂĄ en la nueva economĂa del PacĂfico, una labor aĂşn en pleno proceso, pocas veces ha habido tanto en juego y pocas veces ha sido mĂĄs urgente la necesidad de actuar.