LUIS WINTER: “EL QUIEBRE DEL PARALELO TIENE ESCASO FUNDAMENTO Y MENOS SU EXTENSIÓN EN 80 MILLAS”

El 27 de enero se dio a conocer el tan esperado fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) tras la demanda marítima interpuesta por Perú, una sentencia que no ha estado exenta de polémicas. Su análisis, panorama actual y futuro en la entrevista de Luis Winter.

El 16 de enero de 2008 el ese entonces Presidente Alan García oficializó la demanda contra Chile ante la CIJ para redefinir los límites marítimos entre ambos países.

Seis años y 11 días después finalmente se conoció la resolución. La Corte confirmó la división de la frontera en el paralelo que atraviesa el Hito 1; sin embargo, determinó su extensión hasta las 80 millas. En consecuencia, Perú obtiene derechos económicos en el denominado “triángulo externo”, 28.595 kilómetros cuadrados en Alta Mar. Punto de controversia que Luis Winter, ex diplomático chileno, miembro del equipo jurídico y autor del libro de ediciones LYD “La defensa de Chile en La Haya”, nos explica a continuación.

¿Cuáles fueron los puntos claves  que presentó Chile para su defensa y la estrategia que llevó a cabo?

Un primer punto clave fue demostrar que había existido una delimitación marítima producto de la Declaración de Santiago de 1952 complementada con el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954. El segundo consistió en convencer a la Corte que el paralelo que da origen al límite marítimo es aquel que pasa por el Hito 1 y no por el punto 266 situado a poco menos 300 metros al sur del anterior. El tercer aspecto dijo relación con la práctica, pues se recopilaron antecedentes múltiples que hicieron posible presentar una prueba contundente y abrumadora respecto a nuestra posición.

Perú apostó a ganador y así lo hizo sentir el 27 de enero; sin embargo, Chile mantuvo las expectativas bajas durante los últimos días antes de conocer el fallo. ¿Se manejó una buena estrategia por parte del Gobierno chileno? ¿Considera que fue exagerada la reacción de los peruanos?

Desde un comienzo se señaló que Perú no tenía nada que perder pues, si no ganaba nada, se mantenía el statu quo territorial marítimo. Tal vez, eso lo motivó a plantear el triángulo exterior en circunstancias que no necesitaba del juicio para reclamarlo siempre y cuando respetase los derechos que la Convención del Mar confiere a terceros Estados en la Zona Económica Exclusiva (ZEE). Esto implicaba que, de no haber quebrado la Corte el paralelo, de todos modos podría haberse presentado como ganador.

Creo que la actitud de Chile fue firme durante el curso del juicio y de gran prudencia al final.  Por el contrario, la postura triunfalista previa de Perú hizo surgir suspicacias en nuestro país. En cuanto a su reacción, a todas luces excesiva, le estaría jugando en contra pues transcurridos los primeros momentos, se ve claro  que -si bien logró hacerse de una parte de la ZEE chilena- permanecieron en Chile los recursos de esa rica extensión marítima.

¿UNA SENTENCIA SALOMÓNICA?

Si bien se reconoció el Hito 1, éste sólo se extiende hasta las 80 millas; ¿justificó de manera adecuada la CIJ el porqué?

El quiebre del paralelo tiene escasísimo fundamento y menos su extensión en 80 millas. La falta de justificación adecuada o de toda justificación si se quiere, puede entenderse al  leer  algunos votos disidentes. Es el caso de los emitidos por el Presidente Peter Tomka , por los jueces Orrego, Gaja, Xue y Bhandari y muy especialmente por el mejicano Sepúlveda Amor y por el ruso Skotnikov.  Sepúlveda Amor, tras criticar fuertemente el raciocinio de la Corte para aceptar la existencia de un límite, se unió a la mayoría en el quiebre del paralelo en la milla 80 diciendo: “Espero que el presente caso contribuirá al mantenimiento de relaciones amistosas y pacíficas entre Perú y Chile y, en consecuencia, a fortalecer el orden público de los océanos en América Latina”. El juez Skotnikov por su parte, luego de encontrar falto de toda lógica algunas de las principales conclusiones del fallo, concurrió a él  “dada la falta de claridad con que las partes han tratado un asunto tan importante como es la extensión de la frontera marítima acordada” agregando que, en virtud de ello, “me ha sido posible unirme a la mayoría votando en favor del tercer párrafo operativo (quiebre del paralelo)”. Fueron significativas, asimismo, las palabras de los magistrados Orrego, Gaja, Bandari y Xue en su voto conjunto cuando dijeron: “la mayoría buscó afanosamente argumentar a favor de la idea de que el acuerdo entre Chile y Perú comprende una distancia de 80 millas… ”. Esta suma de opiniones estaría denotando que los jueces tuvieron serias dificultades para lograr un decisión en base a las posiciones de las partes, decidiendo la mayoría de ellos optar por una solución de compromiso.

Se ha hablado que la sentencia fue salomónica, ¿concuerda con ese juicio?

La sentencia se decidió acerca de un punto que no fue controvertido ni sometido al conocimiento de la Corte. Perú pidió delimitar una zona marítima a partir del punto 266 a través de una línea equidistante hasta las 200 millas. Chile pidió rechazar la demanda peruana por estimar que existía una delimitación representada por el paralelo que pasa por el Hito 1 hasta las 200 millas. La decisión de la Corte, tras admitir que la delimitación existía y que ella corría por el paralelo que pasa por el Hito 1, determinó que el límite -sin justificación jurídicamente aceptable- termina en la milla 80, desde donde debe trazarse la línea equidistante. La conclusión es obvia.

EL VECINDARIO TRAS EL FALLO

Ambos países acordaron en acatar e implementar la sentencia, ¿cómo cree que se está llevando este proceso?

El proceso se está desarrollando normalmente conforme a un programa adoptado en la reunión conjunta de los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de los dos países. Ello incluso con gestos de buena voluntad de nuestra parte como la entrega de embarcaciones y pescadores retenidos tras haber sido sorprendidos pescando en aguas chilenas, esto es, violando nuestra legislación.

Si bien con Perú se supone que el tema quedó zanjado, se ha hablado que éste podría demandar por territorio. A esto se suma el histórico conflicto con Bolivia para obtener una salida al mar. ¿Qué actitud debe tomar Chile con sus vecinos? ¿Convendría retirarse del Pacto de Bogotá?

En cuanto a la demanda por territorio, me parece importante recordar que en 1999 Perú, a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, señaló -al concluir exitosamente las negociaciones del Acta de Ejecución de las obras señaladas en el Tratado de 1929- que no habían más problemas limítrofes con Chile. Al recordar el Agente chileno a su contraparte peruana esta declaración durante los alegatos de diciembre de 2012, el Agente peruano, Embajador Wagner, respondió que el Ministro De Trazegnies en 1999 se había referido al fin de los problemas terrestres, pero no a los marítimos. Con ello dio a entender que el triángulo de tierra no era problema. Si la Corte fijaba el comienzo del paralelo marítimo en el punto 266, ese triángulo sería territorio peruano, y lógicamente chileno si se fijaba en el Hito 1. Como el fallo dio la razón a Chile, el punto 266 fijado unilateralmente por Perú en 2005, ha dejado de tener sentido. Este punto se fijó con el objeto de establecer el lugar desde donde debería medirse la anchura de su mar, como señala la Convención del Mar, pero ahora no proyecta mar.

Espero que esta nueva pretensión peruana pueda resolverse pues son muchas las oportunidades actuales y mejores las expectativas futuras si, libres de problemas de esta naturaleza, actuamos en conjunto.

En cuanto a Bolivia, es cierto que en abril próximo presentará ante el mismo Tribunal su Memoria, exponiendo detalladamente los fundamentos de su demanda que, por lo demás, es histórica.  Ella deberá analizarse con extremo cuidado a fin de preparar una Contramemoria sólida y contundente refutando las pretensiones de ese país.

Finalmente, la relación de Chile respecto a sus vecinos deberá continuar profundizándose. Constituye la primera prioridad de nuestra política exterior y debe ser fuente permanente de iniciativas y acciones conjuntas.

Con Perú compartimos intereses comunes, formamos parte del Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico y somos socios en la Alianza del Pacífico, una de las agrupaciones con mayor proyección de toda la región. A esto se suma una importante inversión recíproca, creciente comercio bilateral y una también creciente inmigración peruana a Chile.

Bolivia, país constituye un desafío de perseverancia. Nuestra política hacia La Paz mantendrá inalterable la voluntad de diálogo y búsqueda de mecanismos que favorezcan la integración y la profundización, bajo una premisa clara y conocida. El Tratado de 1904 está plenamente vigente, evitando que las ambigüedades del pasado vuelvan a enturbiar los vínculos.

Con Argentina, los Tratados de Paz y Amistad de 1984 y el Tratado de Maipú de 2009, complementario del anterior, entregan las directrices que deben guiar la conducta de los dos gobiernos y pueblos. Los avances registrados y los que se procura incrementar en materia de integración física, libre circulación, explotación de la minería, cultural y tantos otros, serán  continuados y profundizados, no obstante que podamos tener naturales discrepancias en cuanto a políticas económicas o de vinculación con otras naciones. La existencia de una fuerza de paz compartida puesta al servicio de las Misiones de Paz de Naciones Unidas, es un ejemplo a seguir y un modelo a mostrar al resto de la región. Debe destacarse igualmente la cooperación mutua en el Sistema del Tratado Antártico del que somos cofundadores y, en este mismo sentido, el respaldo que desde 1965 entregamos a la causa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur, y Georgias del Sur y espacios circundantes.

Finalmente, en cuanto a nuestra permanencia en el Pacto de Bogotá, creo que debe ser objeto de un estudio detallado a la luz de nuestra política exterior y del rol cada vez mayor de la equidad en la solución de controversias por la Corte Internacional de Justicia en desmedro de la aplicación estricta de las reglas del Derecho Internacional. No es bueno precipitarse tras una situación dolorosa como la pérdida injustificada de una parte de nuestra ZEE, sobre todo si la denuncia produce efectos a partir de un año desde que se formula.

Para eso, más allá del color político, se debe tomar una política de Estado, ¿se llevó bien en ese sentido la demanda? ¿Cómo visualiza el panorama ahora para la implementación del fallo y otros casos que pueden surgir en el camino?

No tengo duda alguna a este respecto. El juicio al que nos arrastró el Perú se desarrolló, en lo que atañe a Chile, como política de Estado y con total prescindencia de la política contingente.  El Agente, coagentes y equipo nacional fue el mismo durante los dos últimos gobiernos y la argumentación jurídica presentada fue validada por la misma Corte desde el momento en que, en primer lugar, se reconoció la existencia del límite por el paralelo y, a continuación, que dicho paralelo es el que pasa por el Hito 1 y no por el punto 266.

Hacia futuro estoy convencido que se debe formar un equipo jurídico internacional permanente y crear una estructura bajo el organismo que se considere pertinente a fin de defender adecuadamente los intereses nacionales en juicio. En la actualidad Chile está enfrentando diversos procesos con abogados que dependen, según sea la materia, del Ministerio de Justicia, de Relaciones Exteriores, del Consejo de Defensa del Estado o del Comité de Inversiones Extranjeras. Ello no favorece ni la unidad de criterios ni la especialización que se requiere sobretodo en un sistema que se nutre en medida importante de la jurisprudencia creciente de las diversas instancias jurídicas internacionales existentes.

Por otra parte, me parece indispensable dar  prioridad a la participación activa de nuestro país en las instancias jurídicas internacionales tales como la sexta Comisión de la Asamblea General de Naciones Unidas, la Comisión de Derecho Internacional, la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos y otras a fin de prevenir conflictos, ayudar a resolverlos  y, en definitiva, a estar presente con nuestras inquietudes.

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