A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA CARTA DE CECILIA CIFUENTES, ECONOMISTA SENIOR DE LYD, PUBLICADA EN LA SEGUNDA.

El costo de este bono es prácticamente equivalente a los recursos que gasta el Estado en capacitación laboral, siendo -sin duda- esta última una herramienta mucho más poderosa para lograr una mejoría permanente de los sectores más vulnerables.
A modo de ejemplo, si mediante una capacitación laboral efectiva se logra que un trabajador que gana el salario mínimo aumente su ingreso en 10%, al año ganaría $ 252.000 adicionales, es decir, más de seis veces el citado bono.
¿Por qué entonces se opta por una política que definitivamente es peor en términos del objetivo de equidad? La respuesta es evidente, el bono parece más rentable en términos de popularidad.