PSU SIGUE PERJUDICANDO A ESTUDIANTES DE MENORES RECURSOS

Lamentablemente, los recientes resultados de la PSU nos mostraron que no todos tienen las oportunidades educativas que merecen. Es así como el 60% de quienes se vieron favorecidos con el puntaje ranking por ser los mejores de su generación, de todas formas no alcanzaron a obtener el puntaje PSU mínimo de 475 puntos que les permite postular a las universidades adscritas al sistema.

En el Gráfico N° 1 se muestra la evolución promedio en los puntajes PSU de los últimos años para los alumnos de educación científico-humanista diurna. Si bien los puntajes de procesos distintos no son comparables, se puede observar que para cada año hay una diferencia a favor de los alumnos de colegios particulares, quienes al obtener mejores puntajes, tienen también mayores oportunidades de acceder a las 33 universidades adscritas a este sistema de admisión.

El que la brecha sea positiva año a año, ratifica un problema que se diagnosticó desde que se introdujera la PSU; ésta perjudica a estudiantes de sectores de menores ingresos (normalmente los municipales), pues justamente son sus liceos los que no alcanzan a pasarles todos los contenidos que evalúa la prueba. Esto ocurre porque la PSU, a diferencia de la Prueba de Aptitud Académica (PAA) que evaluaba aptitudes, mide los conocimientos adquiridos en la enseñanza media.

El fondo del asunto es que, con PAA o con PSU, existe una diferencia entre los aprendizajes que se logran en distintos tipos de colegios, es decir, en la calidad de la enseñanza que se está impartiendo. Es así como hubo 898 alumnos que, pese a tener el mejor rendimiento de su curso medido con el puntaje ranking, no lograron los 475 puntos mínimos en la PSU que les permitía postular a las 33 universidades que utilizan esta modalidad de ingreso. Probablemente hay otros que, incluso al lograr el puntaje necesario para postular, no lograrán acceder a la carrera e institución que quisieran. Y el panorama empeora cuando consideramos que habrá otro grupo de alumnos que accederán, pero pronto se darán cuenta de que vienen con una falencia en contenidos que requerirá de un esfuerzo mucho mayor para compensar, pues de lo contrario les significará un fracaso inminente.

Si bien la brecha es clara, menos obvio es su origen. Dado que la generación que egresó de 4° medio en 2013 y que rindió esta PSU, es la misma que en 2005 rindió el SIMCE de 4° básico y que en 2009 rindió el SIMCE de 8° básico, podemos revisar qué ocurrió en estos años previos.

Sin intenciones de realizar un cálculo más complejo, en la Tabla N° 2 mostramos los puntajes promedio de los alumnos de cada tipo de colegio en cada una de las pruebas señaladas. Si bien los puntajes de los distintos exámenes usan escalas diferentes y no son comparables entre sí, lo cierto es que, tal como se observa en la última columna, en cada uno se registra una brecha que separa a los colegios particulares pagados y escuelas municipales.

De estos datos se puede apreciar que tal como se observaron brechas en los SIMCE de 4° y 8° básico que rindieron todos los alumnos, también existen diferencias en los puntajes de la PSU de 4° medio. Esta última prueba, por cierto, no es rendida por todos los egresados, sino posiblemente sólo por los mejores (que aspiran a ingresar a las instituciones que exigen este examen).

De lo anterior podemos inferir que la eliminación de cualquier mecanismo de selección a la universidad sólo nos haría desconocer una realidad que se origina incluso desde mucho antes. De nada sirve cerrar los ojos a las diferencias entre la calidad de la educación que vienen desde muy temprano; esto equivaldría a conformarse con que las brechas continúen, como si no creyésemos que todos los alumnos del país, vengan de donde vengan, tienen el mismo potencial para lograr el máximo. Tampoco bastaría con llevar a cabo medidas que abaraten el costo de estudiar en la educación superior, como por ejemplo la gratuidad universal de la que tanto se ha discutido, pues ésta no resuelve las verdaderas limitaciones que existen hoy para los sectores más desfavorecidos.

La solución debe estar en el origen del problema, o al menos, lo más cerca posible. Para eso se debe apuntar a mejorar la educación preescolar y escolar y dar más oportunidades desde lo más temprano posible. Ésta es una solución que llevará más tiempo, pero que será la más efectiva y duradera.

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