VOTO VOLUNTARIO: LA NECESIDAD DE SINCERAR EL DEBATE

A continuación, reproducimos la columna de Jorge Ramírez, investigador del Programa Sociedad y Política de LyD, publicada en La Tercera.


Un interesante debate se ha originado respecto a las consecuencias del voto voluntario. Algunas justificadas y otras no, a continuación se propone abordar algunas de las críticas y nociones que han quedado instaladas en el debate público.

Los críticos al voto voluntario tienen razón cuando cuestionan la sobre generación de expectativas de los impulsores de la reforma a la hora de anunciar un aumento en los niveles de participación. El aumento de la abstención es un proceso natural en prácticamente la totalidad de países que transitan desde sistemas de votación obligatoria a voluntaria (ver el caso de Italia, Holanda o Suiza, por ejemplo), mientras que los casos donde la participación ha aumentado con voto voluntario, son más bien la excepción a la regla, como Venezuela, marcado fuertemente por la presencia de un estilo de hacer política populista, clientelista y por la exacerbación de las tensiones políticas al interior de dicho país.

Un argumento cuestionable de los críticos del voto voluntario, es la argumentación en clave consecuencialista que estructuran a partir de la pregunta ¿Votan más los ricos que los pobres? La evidencia internacional siguiere que sí, no obstante lo anterior, aquello no implica necesariamente que el patrón se repita para Chile. Ese ha sido quizás el principal error de quienes insisten en que a partir de las elecciones municipales y presidenciales de 1era y 2da vuelta se ha originado un sesgo de clase en la participación electoral con sufragio voluntario.

Si se trabaja con las variables que la literatura valida como determinantes de la votación, como son: el tamaño de la unidad electoral, el nivel educacional, el ingreso autónomo, la ruralidad, etc., y empleando técnicas estadísticas ad hoc. La variable ingreso no aparece con un efecto estadísticamente significativo en el conjunto de comunas, controlando por todas las variables mencionadas. Cuestión distinta es si sólo miramos la Región Metropolitana, donde efectivamente, sí hay un efecto estadísticamente significativo del ingreso en la participación. Indagar en estas diferencias entre la capital y regiones, es sin lugar a dudas un desafío relevante para las futuras investigaciones en Ciencias Sociales. Pero extraer conclusiones sólo a partir de un conjunto de comunas de la zona metropolitana, aunque en éstas se concentre buena parte de la población no parece correcto desde el punto de vista metodológico. ¿O acaso, cuando calculamos el coeficiente de Gini de distribución del ingreso, lo hacemos sólo para las comunas de la Región Metropolitana?  Y así con una serie de otras cifras. Al respecto, vale la pena recordar el aforismo de que Santiago no es Chile.

Entonces, lo único que queda es tratar de incentivar el voto, para lo cual hay dos vías. La promoción y la coacción. Si promovemos el voto mediante un diseño inteligente es probable despertar un interés cívico auténtico (informado y responsable). El camino corto y efectista es imponer una multa y volver a la obligatoriedad del voto. El resultado de lo anterior no es difícil de pronosticar: una exacerbación de la desafección cualitativa, quizás en estado oculto, pero que tarde o temprano le terminará erosionando aún más nuestras instituciones democráticas.

otras publicaciones