A continuación, les dejamos la carta al director de María Paz Arzola, investigadora del programa Social de LyD, publicada en El Mercurio.
Andrea Repetto, en su columna del día 24/12, sostiene que en Chile hay barreras que impiden que haya verdadera libertad de elección en educación. Según ella “para las familias es muy difícil evaluar la calidad de la enseñanza que reciben sus hijos”, pues “las notas escolares, los resultados del SIMCE y cualquier indicador que se pueda construir, son medidas parciales y poco claras del verdadero aprendizaje de un niño”. Repetto desestima la capacidad de los chilenos para escoger desde sus propias preferencias y experiencia. ¿Quién, si no nosotros mismos, sabrá mejor lo que más le conviene a nuestros hijos?
El masivo traslado de estudiantes desde el sector municipal al particular subvencionado durante las últimas décadas es una muestra de que las familias sí usan la información disponible, aun con los costos económicos y emocionales involucrados.
Repetto nos compara con Holanda y Bélgica, y plantea que la existencia de financiamiento compartido y selección hace que el sistema chileno no sea exitoso como el de estos países, cuyos sistemas tienen también una mayoría de alumnos en el sector privado. No existe evidencia que apoye sus conclusiones.
De lo que sí hay evidencia es que los sistemas escolares exitosos son aquéllos que cuentan con profesionales de excelencia, y que mantienen un equilibrio entre rendición de cuentas y autonomía para que los sostenedores gestionen sus recursos y contraten sus equipos docentes. Holanda y Bélgica se caracterizan por la gran autonomía con que cuentan las escuelas no sólo en materia administrativa, sino incluso para decidir sobre los contenidos. Esto les permite reclutar buenos profesionales, responder a la contingencia y adaptarse a las necesidades de la población.
Si queremos que nuestro sistema escolar siga progresando, mejor tengamos en cuenta la evidencia y propiciemos mayor autonomía en los colegios, además de un control de calidad y gestión como el que desde hace poco tiene nuestro sistema escolar. No nos basemos en diagnósticos faltos de sustento que pueden llevarnos por caminos equivocados.