VOTO VOLUNTARIO: CUIDADO CON LOS FLASHBACK

A continuación reproducimos la columna de Jorge Ramírez, Investigador Programa Sociedad y Política, publicada en El Post:

En el último tiempo, a partir de datos y evidencia no concluyente, ha surgido con fuerza dentro de algunos líderes de opinión y actores políticos la idea de volver al sistema de voto obligatorio. Incluso algunos más avezados, más allá de la legítima visión normativa que sostiene que votar es un deber (en contraposición a quienes sostenemos que es un derecho), han apelado a la compleja arena instrumental, o si se quiere, consecuencialista de señalar que bajo el supuesto, de que la gente con menor ingreso participa menos, se les debe obligar a sufragar. A continuación se presentarán una serie de argumentos que refutan esta visión.

Lo primero que resulta fundamental de aclarar es que el descenso en la participación electoral desde 1989 a la fecha ha sido sostenido, inclusive en el contexto de voto obligatorio. Si se miran los datos de participación en elecciones presidenciales, respecto a la población en edad de votar, veremos que incluso hay descensos en las participación de mayor magnitud entre elecciones presidenciales con voto obligatorio, que la baja que se produjo si se comparan las cifras de participación de 2009 y 2013, donde se "captura" el efecto de voluntariedad del voto.

Por ejemplo, entre la elección presidencial de 1993 y la presidencial de 1999, la participación electoral respecto a las personas habilitadas para votar[1] pasó desde un 81,47%, a un 72,36% en 1999, es decir, una disminución de 9 puntos porcentuales. En cambio, si consideramos que el padrón actual no se encuentra depurado, al incluir chilenos que residen en el exterior y personas fallecidas, y si se estima prudentemente que entre ambos grupos suman alrededor de 1 millón de personas, la cifra de participación real en la elección del pasado domingo fue de un 52% respecto a la población habilitada y en el año 2009 esta cifra fue de un 59%, es decir, 7 puntos porcentuales de diminución entre una elección y otra. Baja inferior a la experimentada entre 1993 y 1999, ambas elecciones con voto obligatorio.

Sumado al argumento anterior, está la discusión de si existe o no un sesgo socioeconómico en la participación. Con los datos reales de participación electoral de la elección municipal pasada[2], no existe evidencia concluyente respecto a este punto. Artículos como el de Eduardo Engel[3], y de quien suscribe esta columna[4], sostienen que a nivel agregado, vale decir, considerando todas las comunas del país, no existe evidencia robusta que permita establecer una relación estadística entre ingreso y participación. Y cuando emerge esta relación, sólo se da entre las comunas de la Región Metropolitana.

El único trabajo que sostiene de manera categórica la presencia de sesgo de clase en la participación, está fundado sobre datos de encuestas de opinión[5] y no datos de participación "reales". Esto tiene problemas metodológicos en cuanto sabemos que la gente sobreestima sus niveles de participación en las encuestas, sumado a que las encuestas han demostrado bajos niveles de predictibilidad, precisamente bajo el voto voluntario.

Así las cosas, la estrategia correcta desde el punto de vista de la toma de decisiones es introducir estímulos a la participación bajo el sistema de voto voluntario tales como: voto anticipado, voto desde el exterior, educación cívica e intensas campañas de estímulo a la participación. Volver al voto obligatorio es tomar el camino corto y efectista de aumentar cuantitativamente y virtualmente la participación, pero desentenderse de las causas que están detrás de ella, y que son las verdaderas fuentes de la desafección política.

Esperemos que los líderes políticos de alguna vez, se propongan ir al fondo de problemas. En lugar de jugar a los flash back institucionales (pasar de voto obligatorio, a voluntario y luego nuevamente obligatorio en menos de cuatro años), que sólo le restan seriedad a nuestra élite política y a nuestra democracia.


[1] Fuente: Idea Internacional

[2] Se sume el dilema de la "falacia ecológica" como riesgo de inferir comportamientos individuales a partir de datos agregados, no obstante, existe una serie de papers sobre el tema en la experiencia comparada que siguen esta estrategia metodológica.

[3] http://www.econ.uchile.cl/uploads/documento/f4bdfb78959a585d1edc8684ca522658da2db4aa.pdf

[4] http://www.lyd.com/wp-content/uploads/2013/11/Working-Paper-PNUD-2-0.pdf

[5] Artículo de Alejandro Corvalan y Paulo Cox

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