LA IMPORTANCIA DEL VOTO VOLUNTARIO PARA NUESTRA DEMOCRACIA

A continuación reproducimos la columna de Álvaro Bellolio, Coordinador Programa Sociedad y Política, publicada en La Segunda:

La concepción original del voto voluntario es que éste empodera a las personas como libres, responsables y capaces de tomar sus propias decisiones, algo que es consistente con nuestra sociedad democrática. La Constitución estableció el voto como un derecho, de manera que cada ciudadano decida si decide sufragar o no, y no esté obligado por la ley bajo amenaza de sanción.

Una ventaja del voto voluntario es que genera incertidumbre e incentiva a los candidatos a que se acerquen a los ciudadanos para convocarlos a las urnas. Ya no votan por la opción que más recuerdan o por la que menos le moleste, sino que van a sufragar quienes se sienten convencidos por un candidato y su proyecto.

Otra ventaja es que al no tener un mercado cautivo de electores, el voto voluntario genera mayores niveles de rendición de cuentas, movilización y trabajo en terreno para lograr convocar. Así, los electores ya no son un grupo delimitado ni un padrón congelado como en los años anteriores. Ahora el candidato se debe acercar a las bases y los problemas reales, lo que genera un mecanismo de campaña más dinámico y competitivo, reflejo de una democracia más madura.

Ahora bien, la participación electoral no depende sólo de la voluntariedad del voto. La desafección cívica es un asunto mucho más complejo y multivariable como para ser explicado a través de una sola causa. Factores como el grado de competencia o la estabilidad del país están relacionadas con los niveles de votación, que en el mundo tienen distintos resultados. Eso sí, ayuda a mejorar el sistema que se discutan los perfeccionamientos que facilitan la votación -como el voto anticipado o en el extranjero-, pero ello debe ser acompañado por educación cívica y mejoras al capital social de los ciudadanos.

Respecto a las críticas realizadas por el sesgo de clase, es decir, que hay más votaciones en comunas con mayores ingresos, los estudios de las elecciones municipales dicen que este fenómeno sólo se presenta en la Región Metropolitana. Los análisis preliminares indican que en la última elección ocurrió la misma situación, por lo que la crítica estaría marcada por una visión centralista. Parece que los cuestionamientos a la voluntariedad del voto son generados por aquellos con poca capacidad de convocatoria, que manejan predicciones volátiles o que buscan forzar la participación para esconder la desafección bajo la alfombra. No se debe esperar que el voto voluntario sea una varita mágica -al igual que una reforma al binominal- que solucionará todos los problemas de nuestra democracia.

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