A continuación reproducimos la columna de Cecilia Cifuentes, economista senior de LyD, publicada en La Segunda:
Resuelta la primera vuelta electoral, la Ley de Presupuestos volverá a tomarse la agenda política y económica. Lo que parece más preocupante es el trasfondo de la discusión, que conduce a un solo objetivo: gastar más, olvidando que lo realmente importante es gastar mejor.
Un primer aspecto que genera confusión en los planteamientos de la actual oposición es la idea de que como la economía crecería menos de lo establecido en el presupuesto (4,9%) habría un problema de financiamiento del gasto, lo cual es completamente falso. De acuerdo a la regla fiscal el gasto depende de los ingresos estructurales, no de los ingresos efectivos. Si estos últimos son menores a lo presupuestado, la ejecución del presupuesto no se ve afectada en absoluto, y sólo se produce un mayor déficit efectivo, que es financiado con los ahorros acumulados.
A lo anterior se agrega un segundo foco de conflicto. Ya son varios los representantes del comando de Bachelet que plantean la necesidad de una política fiscal contracíclica, dejando de lado el hecho de que la regla fiscal chilena establece con claridad una política fiscal neutra al ciclo, en la cual el gasto crece de acuerdo al PIB e ingresos del cobre de tendencia, sin tomar en consideración lo que está ocurriendo con el PIB efectivo. La diferencia entre ambos esquemas de política no es menor. El establecimiento de una política contracíclica genera en el tiempo un aumento de la relación gasto/PIB, lo que deteriora la posición fiscal y termina en la situación que vemos hoy en los países europeos. Esto porque existe en todos los gobiernos la tendencia a considerar los ciclos expansivos como permanentes y los contractivos como transitorios.
Pero eso no es todo, el efecto agregado de una política fiscal expansiva en un contexto de tipo de cambio flexible es reducido, ya que su efecto se ve neutralizado por la caída del tipo de cambio real, dañando al sector transable. Finalmente la expansión fiscal no aumenta el PIB, y es sólo una trasferencia de exportadores y sustituidores de importaciones a los grupos beneficiarios de ese mayor gasto fiscal.
En definitiva, no sólo es falso que la política fiscal deba ser contracíclica, como han planteado integrantes del comando de Bachelet, sino que es positivo para el país que nunca lo sea.