A continuación reproducimos la columna de Álvaro Bellolio, Coordinador del Programa Sociedad y Política, publicada en AméricaEconomía:
Resultados contrapuestos se observaron en el día de ayer. Por una parte, la incertidumbre del voto voluntario hacía difícil de estimar los resultados, pero la gran mayoría de las encuestas estuvieron bastante lejanas a los resultados reales, ya que muchas de ellas daba por ganador a la candidata del bloque de centro izquierda, Michelle Bachelet, con más del 50% de los votos, y sus principales asesores y analistas del bloque proclamaban una victoria aplastante, cosa que finalmente no ocurre, incluso obteniendo una votación menor a la obtenida en la misma circunstancia en el año 2005, cuando aún no eran pacto con el Partido Comunista.
Lo más curioso es que la candidata socialista, la cual se había celebrado su capacidad para no disminuir su alto capital político al no hacer definiciones programáticas y proyectar una figura holográfica de manera que todos vieran reflejados en ella la posición que preferían, obtuvo un porcentaje de voto menor que su coalición, lo que refuerza la idea de que en el próximo mes el debate programático jugará un rol preponderante.
A nivel de competencia, la candidata de continuidad, Evelyn Matthei, también obtuvo una votación menor a la obtenida por su coalición, y se espera que la convocatoria que haga, asociada a sectores más de centro, bajo la lógica que en primera vuelta se apela al electorado más duro y tradicional, para luego acaparar el centro y crecer en contraposición al adversario.
El resto de los candidatos es más bien variado, con el progresista de izquierda Marco Enríquez Ominami obteniendo el tercer lugar con un 11% y el neopopulista Franco Parisi con el 10%, en momentos donde se cuestiona su futuro y compromiso con la travesía política. El resto de los candidatos, todos con menos de un 4%, plantean objetivos específicos que generaron cierta discusión.
En el parlamento el caso es distinto, donde los resultados se asemejan a los obtenidos por la Concertación en los años 90, con 11 doblajes parlamentarios, aunque la alianza, la coalición de gobierno, obtiene 1 para compensar. A su vez, 4 independientes obtienen cupos al ir en listas distintas a los dos grandes conglomerados, ya sea por omisión u otras razones electorales.
Sobre la renovación parlamentaria, existe una notoria renovación al ser electos 13 senadores nuevos (34%), y 40 diputados nuevos (33%). De estos diputados, destaca una nueva ola de parlamentarios menores de 35 años, de manera transversal en los partidos. Con respecto a las reelecciones, ocurrieron 7 de 12 senadores reelectos (58%) y en 80 de 93 diputados reelectos (86%). Muchos casos de senadores que se retiran de la competencia se debe a temas de edad, con especial énfasis en la concertación, donde muchos de sus candidatos superaban los 75 años.
En esta renovación parlamentaria se observa la institucionalización de mucho de los llamados líderes de los movimientos sociales de los años 2011 y 2012, donde dirigentes estudiantiles y regionales compiten por la coalición de centro izquierda, o protegida por ella, y obtienen resultados positivos, de manera de convertir la energía de los movimientos sociales en reformas institucionales, confiando en los procesos eleccionarios, aunque el sistema electoral benefició considerablemente a esta coalición, al obtener un 47,7% de los votos pero el 56,7% de los escaños, la desproporcionalidad más alta desde el retorno a la democracia y que inclina la balanza hacia la Concertación como el pacto más beneficiado por el sistema proporcional binominal.
Esta elección, la primera con voto voluntario e inscripción automática que no sea municipal, dejo varias interrogantes, sobre el nivel de participación y la relación entre los votos de los candidatos al parlamento y a presidente, pero si se observa una renovación interesante, asociada a rostros nuevos y con mayores niveles de incertidumbre al ser la incumbencia un factor menos relevante en la decisión final.