17 DE NOVIEMBRE: LA HORA DE LOS ANÁLISIS Y LA HIPÉRBOLE ELECTORAL

A continuación reproducimos la columna de Jorge Ramírez, investigador del Programa Sociedad y Política de LyD, publicada en El Dínamo:

El 17 de noviembre a eso de las 19.30 horas ya tendremos plena certeza de muchos de los asuntos sobre los cuales se ha especulado en el transcurso de los últimos meses y semanas. Temas tales como si tendremos resolución electoral en primera vuelta o no, los niveles de participación, la correlación de fuerzas políticas en el Congreso y la emergencia y proyección de nuevos liderazgos por fin serán puestas sobre la mesa y, posterior a aquello, vendrá el tiempo de los análisis.

En la Concertación se deja entrever un extremo triunfalismo. No faltará el analista que al tenor de las pasiones del momento anunciará el fin de los tiempos de la centro derecha. Se caerá en la tentación del análisis sobre la lógica del principio de equivalencia del derrumbe del modelo, mientras que otros apelarán a la instauración de un “momentum político” de tabula rasa. Sabemos que la alquimia aritmética con datos electorales da para mucho. Y de un momento a esta parte, nuestra política se ha colmado de hipérbole, entendida como exageración de los sucesos. Esta lógica tampoco escapará al momento de evaluar otras dimensiones institucionales del proceso, como las cifras de participación. No faltará el político que al ver que en una mesa en particular el flujo de votación es bajo, no dudará un segundo en anunciar con total convicción el retorno al sistema de voto obligatorio. Sin mayor evidencia ni parsimonia en sus juicios.

Quienes estudiamos la política sabemos que muchas de estas cuestiones son mucho más complejas de como se presentan en los medios con la premura de los datos “en caliente”.

Independientemente de si hay o no segunda vuelta, hablar del fin de la derecha suena a lo menos pretencioso cuando probablemente el rendimiento electoral de la Concertación, hoy bajo la entelequia “Nueva Mayoría”, no sea muy diferente, e incluso lo más probable, se sitúe por debajo de las elecciones de los primera década de los 90, donde en términos de “doblajes” la Concertación alcanzó cifras del orden de 11 doblajes en la Cámara de Diputados e incluso 3 en el Senado. Por otra parte, es evidente que el respaldo electoral de Bachelet en ningún caso es atribuible al de su coalición, que a la luz de todos los estudios de opinión, es vista de manera muy crítica y escéptica por parte de la ciudadanía.

Por último, las democracias son más dinámicas de lo que se cree. El día posterior a elección, el norte ya estará puesto en la próxima elección municipal, y con una coalición de centro derecha que gobierna 121 municipios del país y que obtendrá una fuerza política efectiva en el Congreso que inducirá a negociar muchas de las propuestas de reforma, y que también puede que de una que otra sorpresa, como por ejemplo, romper alguno de los doblajes que la Nueva Mayoría dio por seguro, no sé si será posible sostener un argumento en extremo catastrofista.

Finalmente, respecto al voto voluntario, la ciudadanía chilena ya adquirió “mayoría de edad” respecto al devenir de sus acciones y quitarla de un momento a otro no es tan sencillo. Tal y cual un buen profesor universitario no necesita imponer asistencia obligatoria para llenar sus aulas de estudiantes, los políticos de “calidad” no necesitan imponer multas a la ciudadanía para movilizarlos y llevarlos a las urnas. Basta ver cuántas de las democracias consolidadas en la experiencia comparada poseen sistema de voto voluntario para darse cuenta que son la gran mayoría. No obstante lo anterior, al igual que en las pasadas elecciones primarias, no se extrañe si la ciudadanía nos sorprende nuevamente con cifras altas de participación.

Así las cosas, hay que estar muy atentos a los análisis post elecciones. La mayoría de las veces estos son utilizados para crear climas de opinión, pero sólo las segundas lecturas permiten ver lo que está más allá de la consigna.

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