ROSANNA COSTA, DIPRES: “FORTALECIMOS LA INSTITUCIONALIDAD FISCAL, LE DIMOS TRANSPARENCIA Y LE DEVOLVIMOS CREDIBILIDAD”

Rosanna Costa es ingeniero comercial con mención en Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue Directora del Programa Económico de Libertad y Desarrollo e integrante del Consejo de Alta Dirección Pública. Tiene una amplia trayectoria como investigadora en las áreas fiscal, tributaria y laboral. Su experiencia como destacada asesora legislativa la llevó a ser la actual Directora de Presupuestos.

¿Cómo fue para usted la transición de ser asesora en LyD a ser la Directora de Presupuestos del actual Gobierno?
Fue un desafío importante y una responsabilidad muy grande. Fue acompañar en una tarea por la cual trabajamos en Libertad y Desarrollo muchos años, con mucha mística, apoyando una meta para Chile, desde la mirada de las oportunidades y la confianza en la gente. Estoy convencida de que si les damos ciertas seguridades y todas las oportunidades a las personas, ellas pueden salir adelante, lograr sus metas y sorprendernos a todos.
¿Cuál es el mayor desafío que ha enfrentado en su gestión?
No podemos olvidarnos tan fácilmente del desafío que implicaba enfrentar un terremoto cuando teníamos, además, que aprender a gobernar. En mi caso había que revisar el presupuesto y reorientar los recursos. Eso fue un tremendo desafío.
Luego, llevar adelante con equilibrio un impulso muy fuerte por implementar desde todos y cada uno de los ministerios las ideas que estaban plasmadas en el programa de Gobierno, aportando a su diseño y haciéndolo a un ritmo acorde con lo que se podía en cada momento, con una capacidad de financiamiento sostenible y, por otra parte, conjugarlo con el esfuerzo que significó el terremoto y la permanente necesidad de ajustar las demandas sociales.
¿Cree que existe poca valoración acerca de lo que se ha hecho en materia de eficiencia de la política fiscal en la actual administración?
No sé sí hay poca valoración. En todo caso, de ser así, habrá que hacerse cargo de una cuota de responsabilidad por haber difundido menos de lo necesario el trabajo realizado para lograr el financiamiento de las demandas del terremoto, el programa de Gobierno y atender las urgencias adicionales que fueron surgiendo. Además de rebajar el déficit estructural, fue necesario reasignar el presupuesto base. Y si bien es difícil medir eficiencia del gasto público, hay algunos indicadores internacionales de percepción que apuntalan esos avances.
¿Cómo califica la situación de las arcas fiscales que recibió del gobierno anterior?
Nosotros recibimos un déficit estructural de 3% del PIB y un crecimiento del gasto que venía de tasas de 16%. No es fácil frenar esa tendencia.
Cuando llegamos al Gobierno sabíamos que había un déficit mayor al estimado porque hubo errores en el cálculo de la brecha PIB, pero nunca pensamos en un déficit de 3% del producto. Más aún, nunca llamamos a la Comisión Corbo pensando en ese cambio. Lo que queríamos era fortalecer la regla fiscal, que percibíamos muy deblitada. Sus cambios sistemáticos, tanto en el en el nivel de la regla fiscal como en su metodología, se constituían en una potencial merma a su credibilidad y queríamos revertirlo. El instrumento era extremadamente volátil, confuso y difícil de seguir, con frecuentes cambios conceptuales que se hacían en el camino sin ser debidamente explicados o anticipados por la autoridad.
¿Cuál es el sello de la política fiscal de la actual administración?
Cuando la actual administración llegó al Gobierno se encontró con una falta de credibilidad muy significativa en la regla fiscal. Y frente a esa situación, y con el convencimiento de que para encausar la sostenibilidad fiscal hacia el mediano plazo es importante tener una regla simple y creíble, el Gobierno partió llamando al Comité Corbo para perfeccionar el instrumento. Ese trabajo terminó con un muy potente documento técnico y acogimos gran parte de las recomendaciones. Además, nos dimos cuenta que el camino para avanzar en transparencia era por la vía de publicaciones, para que todo el que quiera pueda seguir la regla. Todo ese proceso se complementó finalmente con el nombramiento del Consejo Fiscal Asesor (CFA). Adicionalmente, hemos fortalecido el instrumento de las proyecciones de largo plazo, que contribuyen a la evaluación de la sostenibilidad fiscal.
Entonces, pienso que ese es el sello: Fortalecimos la institucionalidad fiscal, le dimos transparencia y le devolvimos credibilidad.
¿Cuál es el efecto en el balance efectivo y estructural  de que el crecimiento del PIB y el precio del cobre vayan a ser menores de lo previsto?
Para un nivel de gasto definido por la regla fiscal, una caída del precio del cobre o un menor crecimiento del PIB reducen los ingresos efectivos y, con ello, también el balance efectivo. Sin embargo, estas fluctuaciones no afectan a los ingresos cíclicamente ajustados y, en consecuencia, tampoco afectan al balance estructural, pues estos dependen de parámetros de largo plazo, como el PIB de tendencia y el precio de referencia del cobre, entre otras variables.
Siempre se repite que el crecimiento económico aumenta la recaudación no minera más que proporcionalmente ¿es esto realmente así? ¿En cuánto estiman la cuantía de este efecto?
Un punto del PIB se traduce entre US$ 500 millones y US$ 600 millones de recaudación. Las elasticidades a PIB usadas en el cálculo del balance cíclicamente ajustado, que fueron revisadas por la Comisión Corbo en su momento, arrojan un valor promedio ponderado algo superior a 1. En consecuencia, si tomamos como referencia estas elasticidades, efectivamente se tiene un efecto más que proporcional del crecimiento económico en la recaudación no minera.

UN RESPONSABLE PRESUPUESTO 2014
¿Cuáles son las directrices para el Presupuesto 2014, considerando que será ejecutado por un próximo gobierno?
El Presupuesto 2014 va a ser responsable y coherente con la sostenibilidad fiscal y la meta de converger a un déficit estructural de 1 punto del PIB.  Esta conducta seria ha sido fundamental en el incremento del empleo, de las remuneraciones y, por tanto, del bienestar en estos años.
Por otra parte, habrá un sello microconómico orientando recursos a los ejes de nuestro Gobierno, cerrando compromisos en seguridad, educación, salud, descentralización, entre otros. Por cierto, un eje de nuestro Gobierno ha sido el terremoto, y este presupuesto -consecuente con los logros impresionantes en este tema- liberará recursos a otras necesidades.
¿Qué perfeccionamiento cree que podría resultar beneficioso para la regla fiscal? Por ejemplo, ¿algún ajuste adicional a los que se hace hoy o ajustar por componentes cíclicos de gasto?
Hay dos temas ahí. En la definición de la regla propiamente tal, creo que hay un conjunto de elementos que uno podría estudiar un poco más en términos de tratamiento -por ejemplo, el tipo de cambio, los costos del cobre, simplificar la estructura de elasticidades, etc-. Otro tema es el nivel de la regla. La mejor definición de la meta de la regla a la cual hay que converger no es un número mágico, sino que depende entre otras cosas de la estructura de financiamiento que tiene el Gobierno, los compromisos (deuda efectiva y contingente), y la relación entre activos y pasivos en moneda nacional y moneda extranjera. En todo caso, yo creo que esos cambios debieran realizarse de una vez y nuevamente darle estabilidad a la regla, como lo hicimos en estos años. Creo que el próximo gobierno debiera definirlos cuando llegue y dejarlos estables.
¿Cree que se debería crear un marco legal más allá de la ley de responsabilidad fiscal para garantizar que no haya problemas con la regla en la época de vacas flacas?
Pienso que debemos estudiar mejor el uso del Fondo de Estabilidad Económica y Social en caso de vacas flacas. Es un tema que no está cerrado y debe profundizarse. La Comisión Corbo planteó una regla más contracíclica con mecanismos explícitos de salida y reingreso a la meta. Esto no se incorporó, pues nos pareció que era mejor considerar costos más altos asociados a salirse de la regla. Es decir, se puede salir si hay perspectivas económicas lo suficientemente malas como para anunciar una excepción. Eso tiene costos para un ministro de Hacienda por su efecto en las expectativas, pero creo que en esos casos amerita también inducir expectativas hacia la responsabilidad. Si se justifica pagar los costos de salida, se hará, pero automatizarlo es facilitar el mecanismo.
En segundo lugar, no es fácil definir cuánto se puede salir de la regla, y depende del punto de partida en materia fiscal y monetaria, de la naturaleza del shock, etc.
En tercer lugar, los tiempos de la decisión y ejecución del gasto no son claros, y menos los de retiro del impulso fiscal.
Y, por último, debiéramos analizar en mayor profundidad el efecto de la política fiscal en 2009 para el caso chileno.
¿Garantiza el Consejo Fiscal Asesor (CFA) que no vuelvan a ocurrir cambios en la interpretación del cálculo de la regla  fiscal como en el pasado?
El CFA ayuda a trasparentar los cambios en el momento preciso y, nuevamente, hace más costoso el cambio si es poco armónico o poco fundado.
¿Es necesario crear un marco legal especial para que este consejo se mantenga en el tiempo?
Por ahora, es bien importante consolidarlo. Tras un período breve de operación aprenderemos qué corregir y, entonces, debiera legislarse. En este caso, es posible este camino y dificulto que se vuelva atrás.
Pensando a futuro ¿le parece beneficioso converger a un balance estructural, o un déficit de 1% puede ser razonable para un país en desarrollo como Chile?
Cuando este Gobierno diseñó sus metas, su idea, antes del terremoto y antes de sopesar cuál había sido la magnitud del déficit del año 2009, era converger a un balance estructural y lo suscribo. Ahora, la definición de si es 0% o -1% debe estudiarse en el mérito y las variables relevantes son las que mencioné.

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