La Ley 20.378 establece subsidios permanentes y transitorios al transporte urbano de Santiago, con fondos espejo para regiones. Su origen fue la necesidad urgente de mantener funcionando el transporte urbano en Santiago, luego de la desastrosa puesta en marcha del Transantiago. El costo de paralizar la ciudad más importante del país es invaluable. Pero, hay que distinguir entre una emergencia y una situación ideal de largo plazo.
Antes de la aprobación del aumento en los subsidios, ya existía la noción del elevado costo del Transantiago y los fondos espejo, que existen sólo por motivos políticos. Con la modificación de la Ley 20.378, los subsidios al transporte comprometidos hasta 2022 aumentan en un 123%, es decir más que se duplican.
Con la ley actual no sólo se aumentan los subsidios, sino que se transforman en una situación de largo plazo, sin presión para que el Estado tome un compromiso con los ciudadanos de mejorar el desastre financiero de una mala política pública.
La evasión sigue siendo alta, cercana a un 20%, y sin indicios de que tienda a disminuir.
Las autoridades justifican el subsidio porque beneficia a familias de bajos ingresos. Sin embargo, esta justificación es débil para una política de tan alto costo que se lleva a cabo sin una evaluación previa. Si el objetivo es aliviar la pobreza, existen formas más eficientes de enfrentar el problema.