Para nuestra revista, Israel Ortega, editor de Libertad.org, la página en español de la Fundación Heritage de EE.UU., analizó la situación demográfica actual de ese país:
Estados Unidos –faro de la libertad y la economía más próspera para el mundo– está cambiando radicalmente. En el espacio de un par de décadas, pasará a ser de un país mayoritariamente anglosajón y protestante a un país compuesto por razas, culturas y lenguas distintas.
Entre el grupo étnico de más alto crecimiento en Estados Unidos está la comunidad conocida como hispana o latina. En este grupo están aquellos con raíces en Latinoamérica, sea por nacimiento o porque son hijos o nietos de inmigrantes latinoamericanos.
Este cambio refleja la más reciente ola de inmigrantes llegada a Estados Unidos. Lógicamente, este crecimiento demográfico tiene implicancias económicas y culturales, pero también las tiene para el futuro de la libertad económica, política y religiosa que ha caracterizado a esta nación.
A primera vista, el futuro de la causa por la libertad se ve nublado. Para empezar, el actual Mandatario estadounidense, Barack Obama, comparte la filosofía económica de John Maynard Keynes, afamado economista del siglo XX que abogaba en favor de medidas que amplían el tamaño del gobierno mediante el intervencionismo económico. Y, a pesar de que este enfoque a la crisis económica ha tenido escaso éxito, el Presidente Obama fue reelegido con un cómodo margen en las últimas elecciones. Para lograrlo, contó con una nueva coalición que vota al Partido Demócrata: afroamericanos, jóvenes, mujeres e hispanos.
Dado que durante décadas, la izquierda política ha trabajado intensamente para atrapar el voto hispano, no nos debería sorprender que el Presidente Obama recibiera casi el 70% del voto hispano y que el candidato republicano Mitt Romney sólo recibiera el 30%. Sin embargo, esta cifra no muestra que Romney tuvo un pésimo desempeño en la campaña, algo que le hizo el trabajo mucho más fácil al equipo de Obama. Visto tácticamente, la campana Romney se tardó demasiado en crear una sección dedicada específicamente para atraer a los hispanos y no dedicó muchos recursos para materializar sus diversos objetivos.
En la práctica, Romney tuvo una terrible racha con comentarios poco apropiados, como decir que el Partido Republicano podía olvidarse del apoyo del 47% de los americanos que ya cuentan con ayuda financiera directa del gobierno federal. Sería muy difícil para el Partido Republicano convencer a este porcentaje de americanos a que acepten una filosofía de menos gasto federal y de un gobierno más reducido. Aunque esta revelación no estaba dirigida a la comunidad hispana, esta limitación a la filosofía conservadora no ayudó a cambiar su imagen como empresario frío con poca empatía hacia los más necesitados.
Sin embargo, su mayor error de campaña respecto al voto hispano fue decir que su política para abordar el tema de los doce millones de inmigrantes viviendo sin papeles en Estados Unidos sería que se “auto deportaran”.
En política, la percepción es la realidad y los comentarios de Romney ayudaron a perpetuar su imagen como tecnócrata antiinmigrante. Ello, amplificado con los medios de comunicación que favorecían la reelección del Presidente, hizo que la decisión fuera fácil para muchos hispanos cuando estuvieron en las urnas.
Ahora ya pasadas las presidenciales, se puede decir que poco ha cambiado. El Presidente sigue contando con el apoyo del electorado hispano, según los más recientes sondeos, a pesar de que las últimas cifras de desempleo revelan un alto índice para los hispanos.
Por su parte, el Partido Republicano no ha ignorado por completo su desastroso desempeño con los hispanos, pero es difícil juzgar el proceso dado que el polémico tema migratorio está dividiendo al partido. La realidad es que existen muchas voces dentro del partido que defienden la importancia del inmigrante y su aportación al país. Estas voces, que por cierto forman parte del “Tea Party”, destacan puntos válidos que frecuentemente son omitidos en los medios para así poder mantener vigente el cuento de que los hispanos son víctimas que necesitan la ayuda del gobierno y del cabildeo étnico.
Para entender la polémica es importante diferenciar entre los republicanos que se oponen totalmente a la inmigración y a los que se oponen a la inmigración ilegal. La realidad es que son muy pocos los que se oponen a la inmigración completamente. Sus débiles argumentos, centrados en el populismo y la xenofobia, que afirman que el inmigrante les roba el trabajo a otros y que está cambiando la cultura, tienen poco alcance e influencia. La mayoría de los republicanos se oponen a un sistema que apoye y aliente la inmigración ilegal porque reconocen que el proceso, el orden y el respeto a la ley son indispensables para la causa de la libertad. Uno de los estudios más prestigiosos de la Fundación Heritage, El Índice de Libertad Económica, demuestra empíricamente que uno de los pilares para la creación de la libertad económica es el respeto a la ley.
Según el índice, Paraguay, en el puesto N° 80, goza de poca libertad económica, en parte porque el Estado de Derecho es débil y la corrupción es relativamente alta. En cambio, Chile que está en el puesto N° 7 (de una lista de 177 países) porque, según los autores del estudio “los acuerdos contractuales son los más seguros de Latinoamérica”.
La tesis es que el respeto a la ley tiene consecuencias y la idea de que el Congreso debería crear e implementar una ley que reste impulso a la inmigración ilegal no sólo es válida, sino justa y correcta.
El problema para los republicanos es que sus propuestas para hacerle frente al tema no están lo suficientemente desarrolladas, especialmente cuando deben responder qué hacer a los más de doce millones que ya están en Estados Unidos y sin papeles. El resultado ha sido que la extrema izquierda ha explotado esa veta y continúa pintando al republicano como antiinmigrante, cuando en realidad quiere decir antihispano. Al mismo tiempo, los izquierdistas van abogando en favor de una propuesta generosa que se desentiende de proteger el Estado de Derecho y el discernir entre el inmigrante ilegal que quiere ser ciudadano y aquel que sólo busca el permiso de empleo.
La forma en la que el Partido Republicano maneje el tema migratorio tendrá consecuencias tanto a corto como a largo plazo, especialmente si la coalición conservadora busca crecer en un panorama demográfico mucho más diverso. De hecho, el conservador no puede ignorar la realidad de que al Partido Republicano le hace falta mayor apoyo de los grupos minoritarios, en particular el grupo hispano, si desea ganar las elecciones a nivel nacional.
Para hacerlo, el conservador deberá rechazar la falsa etiqueta que le están imponiendo los medios progresistas y el Partido Demócrata, ésa que dice que los republicanos están en contra de toda inmigración. Lo que nadie explica es que estar en contra de la inmigración ilegal no es lo mismo que ser antiinmigrante. Los conservadores deberían desarrollar mejor un plan migratorio que tome en cuenta la complejidad del tema, incluyendo qué hacer con los doce millones de indocumentados. Armados con ese plan, deberían dedicarse a diseminarlo por todo el país, haciéndole saber también a los más de 50,5 millones de hispanos que el movimiento por la libertad aspira a potenciar la prosperidad y la oportunidad para todos.
Este último punto es especialmente importante dado que para la mayoría de los inmigrantes hispanos, la falta de oportunidad fue la razón principal que lo motivó a dejar todo atrás y emigrar a Estados Unidos.
Las consecuencias externas en la lucha por el avance de la libertad son variadas y difíciles de pronosticar con certeza al cien por ciento. Pero se pueden deducir varias cosas con la información que tenemos a nuestra disposición. Para empezar, un Estados Unidos con débil rendimiento económico afectaría al mundo entero, pero en particular a las economías de Canadá, China y México, ya que comercian millones de millones de dólares en un par de horas. Las políticas populistas cerradas al libre mercado y al libre comercio transformarían a Estados Unidos en un país de tintes europeos, influenciado por los intereses de los sindicatos y grupos ambientales. Ello, sin duda alguna, reduciría la creatividad e innovación que la competencia del libre mercado produce y que ha caracterizado el desarrollo del país en los dos últimos siglos.
Pero tal vez el efecto más desastroso de un Estados Unidos mucho más izquierdista serían las consecuencias para su política exterior. La reconocida incompetencia de las Naciones Unidas y lo poco que puede hacer en momentos de crisis internacional debería llevar a hacernos la siguiente pregunta: ¿A quién podría acudir el mundo cuando se desate el próximo conflicto en Medio Oriente o una crisis humanitaria en África o Europa? La verdad es que ya estamos viendo cómo se vería ese mundo debido a la política del actual mandatario estadounidense y su Departamento de Estado. Lo sucedido en Libia y Egipto nos ofrece varias pistas de lo que es un Estados Unidos menos comprometido con la defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos.
De hecho, Estados Unidos ha demostrado poco interés en formular un plan para resistir el avance de Irán en el Hemisferio Occidental. Asimismo, el peligroso populismo antiamericano cuenta hoy con más militantes gracias a los esfuerzos del fallecido Hugo Chávez pero continuados por Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, entre otros.
A pesar de este panorama negativo, aún existen varias razones para mantener el optimismo en la lucha por la libertad. Para empezar, los americanos podrían cansarse de tener a un demócrata en la Casa Blanca después de ocho años, especialmente si la economía no mejora. Por otra parte, el Partido Republicano tiene varios candidatos atractivos que podrían contar con el apoyo de grupos que tradicionalmente no lo hacen. Es el caso del senador Rand Paul, que cuenta con el apoyo de muchos jóvenes libertarios. Y los republicanos también tienen a Marco Rubio, senador por Florida y de descendencia cubana.
El nexo entre el conservador y el hispano se debería hacerse sentir mucho más que ahora. En términos generales, se puede decir que el inmigrante hispano llega motivado y tiene ética de trabajo. Según las más recientes cifras del Departamento de Trabajo, la comunidad hispana es el grupo que más se inclina a abrir su propio negocio. Y por último, los hispanos suelen ser creyentes y encontrarían perfecto acomodo en el Partido Republicano ya que éste respalda políticas sociales conservadoras.
Lamentablemente para la causa de la libertad, algunos conservadores siguen pensando que no hace falta llegar a los hispanos porque están convencidos de que este grupo -el de mayor crecimiento demográfico- ya está afianzado en el campo izquierdista. La realidad es que muchos hispanos -particularmente los jóvenes- todavía no se han decidido por un partido.
Para darle la vuelta a esta equivocada forma de pensar, se necesitará más gente como Jeb Bush Jr., Rand Paul, Jeff Flake, y sí, Marco Rubio y Susana Martínez. Ellos están dispuestos a llevar el mensaje conservador a los medios de comunicación hispanos y en eventos locales donde puedan articular el mensaje conservador directamente al público hispano.
Más que el tema migratorio, el hispano -al igual que otros estadounidenses- está buscando que la economía genere empleos y oportunidades. En particular, la clase media busca con ansias líderes con propuestas audaces para hacer crecer la economía. Si el conservador se concentra en este enfoque, en el proceso también podría encontrar el apoyo de otros muchos hispanos de clase media.
El conservador no debería ver el cambio demográfico como un reto sino como una oportunidad para hacer crecer el movimiento y promover la libertad religiosa, económica y política. Esas libertades son pilares necesarios para dar rienda suelta al crecimiento económico que el mundo entero ha disfrutado gracias a la Revolución Industrial y que ha contribuido decisivamente en la derrota del comunismo.
La filosofía conservadora no tiene porqué cambiar, y no debería cambiar. Lo que hace falta son nuevos embajadores para la causa, que estén dispuestos a llevar el mensaje a todos aquellos que aún no la conocen. Toda persona que defiende la causa de la libertad está contando con la valentía de nuevos emisarios que acepten el llamado.