A continuaciĂłn reproducimos la columna de Jorge RamĂrez, investigador del Programa Sociedad y PolĂtica, publicada en El DĂnamo:
Los cientistas polĂticos sabemos que las instituciones importan. Lo anterior es indudable, aunque tampoco se trata de creer en una suerte de alquimia institucional, es decir, pretender que por un cambio en ĂŠstas todos los problemas de nuestra democracia se resolverĂĄn de la noche a la maĂąana. Una vez aclarado lo anterior, vale la pena seĂąalar algunos elementos de los cuales se ha hablado poco en el debate pĂşblico.
Los efectos de una reforma al sistema electoral no sĂłlo se aprecian en el sistema de partidos, sino tambiĂŠn en la configuraciĂłn de coaliciones. Mucho se habla del potencial de fragmentaciĂłn del sistema de partidos al instaurar un sistema mĂĄs proporcional, lo cual es cierto, pero poco se habla del efecto potencial en la forma como se construyen las coaliciones. Para nadie es novedad que el binominal fuerza a las agrupaciones partidarias a vivir en un pacto de âconvivencia electoralâ con sus pares. De lo contrario ÂżquĂŠ hace la DC con el PC en una misma coaliciĂłn? Entonces, si el binominal desaparece y es reemplazado por un sistema mĂĄs proporcional, es decir, que a la luz de la misma lĂłgica de cifra repartidora, reparta mĂĄs escaĂąos por unidad electoral, es probable que la ingenierĂa electoral haga de las suyas.
SĂłlo por mencionar casos posibles, si en un distrito X ya no se elegirĂĄn dos representantes, sino que ocho, evidentemente bajarĂĄn los umbrales mĂnimos requeridos para alcanzar un escaĂąo. Dado lo anterior, ÂżcuĂĄl serĂa el incentivo del PC para seguir en una âconvivencia electoralâ con la ConcertaciĂłn? En un distrito como el mencionado -que en la propuesta de reforma electoral de algunos senadores RN y de la ConcertaciĂłn son cinco- es perfectamente posible que el PC corriendo en lista propia y concentrando en esa zona a figuras con buen capital electoral logre alcanzar escaĂąos de manera autĂłnoma. Claramente no es lo mismo tener al PC dentro de la ConcertaciĂłn que fuera de la ConcertaciĂłn, pero aquello es materia que excede la extensiĂłn analĂtica de esta columna.
Por otra parte, dentro de las reformas electorales, se estĂĄn discutiendo en el Congreso modificaciones al sistema de reemplazo parlamentario. Se propone volver a un sistema en el cual quien reemplace a un congresista, que por x razones se vea imposibilitado de ejercer su cargo sea el compaĂąero de lista. Esto parece razonable y siempre serĂĄ mejor que la designaciĂłn cupular de los partidos frente a la vacancia. Sin embargo ninguno de los proyectos en discusiĂłn parlamentaria plantea la soluciĂłn al problema que surge frente a la vacancia de congresistas independientes âfuera de pactoâ.
La ConstituciĂłn establece en su artĂculo 51 que los candidatos independientes âfuera de pactoâ no podrĂĄn ser reemplazados, a diferencia de los candidatos independientes que suscriban un pacto donde sĂ opera el sistema de reemplazo. Esta medida parece injustificada y discriminatoria. Volviendo a los casos hipotĂŠticos, imagine un distrito donde se elige un candidato independiente fuera de pacto, pero ĂŠl fallece. Bajo el rĂŠgimen actual y tambiĂŠn bajo los proyectos presentados, esos electores quedarĂan por defecto sin la posibilidad de representaciĂłn polĂtica al no operar la vacancia. Los partidos polĂticos son extremadamente relevantes para la democracia, pero el derecho a representaciĂłn polĂtica excede el vĂnculo de mediaciĂłn que puede ejercer un partido o un pacto electoral, de ahĂ que parezca sensato permitir que los candidatos independientes fuera de pacto inscriban un candidato suplente frente a notario a la hora de resultar electos para solucionar este problema; se trata de no generar una situaciĂłn que de pie a electorados âhuĂŠrfanosâ.
Como habrĂĄn notado, detrĂĄs de las reformas polĂticas hay una serie de cuestiones que no colman titulares, pero que no por eso son menos importantes de prever y analizar.