A continuación reproducimos la columna de Cecilia Cifuentes, economista de LyD, publicada en La Segunda:
Por lo menos curioso es el hecho de que personeros de la oposición se refieran al “pobre” crecimiento que registraría la economía chilena durante este gobierno, ya que si midieran con la misma vara al anterior, deberían buscarse otro candidato. Más llamativo es aún el hecho de que critiquen el manejo fiscal, ya que eso es definitivamente “mirar la paja en el ojo ajeno”, sin considerar la tremenda viga en el propio. Bastan algunas cifras para mostrar la elocuencia de lo dicho.
Analicemos primero el contexto externo que enfrentaron ambos gobiernos. Durante el anterior, los términos de intercambio —es decir, la relación de precios entre exportaciones e importaciones— registraron un alza promedio de ¡52%!, incluyendo el año 2009 en que cayó el precio del cobre. Durante el gobierno en curso, esta relación subiría cerca de un 13%. Importante es además señalar que en el período 2006-2009, los términos de intercambio en América Latina subieron un 15%, contra más de 50% en Chile. A pesar de eso, la región creció un 3,5% promedio en ese lapso, mientras que Chile, a pesar de lo señalado, tuvo un muy flojo cometido llegando apenas a un 3,3%. Si comparamos entre ambos gobiernos el crecimiento chino, muy importante en el comportamiento de nuestra economía, durante la administración anterior fue de 11,4%, cifra que caería a 8,7% en estos cuatro años. Por último, en relación a las tasas de interés externas, si bien en estos últimos cuatro años han sido excepcionalmente bajas, no fueron altas tampoco en el gobierno anterior, con un promedio de la libor de 3,6%, que no puede considerarse como una restricción al crecimiento. En definitiva, quedan pocas dudas de que el escenario externo que enfrentó Bachelet fue extremadamente positivo. A pesar de eso, Chile creció al mismo ritmo que el mundo, mientras que durante el actual gobierno el país crecería un 5,4%, en comparación con un 3,9% mundial.
Pero más importante que esos números, es cómo llega el crecimiento al ciudadano promedio. Para tener una base comparable, de acuerdo a la encuesta de empleo de la U. de Chile, durante este gobierno se habrían creado en el Gran Santiago un promedio de 80 mil empleos por año, cifra que es de 28 mil en el gobierno anterior. Incluso dejando fuera el año 2009, el promedio sube a 57 mil, bastante por debajo del resultado de estos años. Las remuneraciones reales, por otra parte, subieron en promedio un 2,3% anual en el gobierno anterior, en comparación con un 3,1% en el actual. Por último, el salario mínimo subiría un 3,9% real promedio en los últimos cuatro años, casi el doble de la cifra de 2% del cuatrienio anterior. No cabe duda entonces que los resultados económicos de este gobierno son notoriamente mejores a los del anterior gobierno y, lo más importante —como se evidenció con las cifras anteriores—, este mejor desempeño no se explica por un mejor escenario externo, como insistentemente algunos han pretendido hacernos creer.
La crítica al manejo fiscal es probablemente más provocadora, ya que en un contexto social y político en que es muy difícil reducir los niveles de gasto fiscal, es su tasa de expansión probablemente una de las variables más relevantes para analizar la sostenibilidad fiscal, y en este aspecto habría que retroceder hasta el período de Vuskovic (ministro de Allende) para encontrar una expansión fiscal equivalente a la del período 2006-2009. En el gobierno anterior el gasto fiscal creció a una tasa de 10,5% real, más del doble de lo que crecería durante el gobierno en curso. Incluso sin considerar el año 2009, en que creció un 16,5%, el resultado es de 8,5% real, lo que sigue siendo una política fiscal muy expansiva. Sólo el costo de la reforma previsional de 2008 es de US$ 2.000 millones en régimen, sin que se implementara una reforma tributaria para financiarla, sino que se hizo en base a la holgura del cobre, que con costos de producción crecientes ha tendido a desaparecer. Las reformas sociales de este gobierno (posnatal, descuento de salud a jubilados, aportes a educación) suman cerca de la mitad de esa cifra, pero consideraron una reforma tributaria para su financiamiento. Es efectivo que las holguras fiscales se están reduciendo, pero eso se explica en mayor grado por los gastos permanentes que se heredaron de la administración anterior.
En definitiva, aunque hay cosas que pudieron hacerse mejor en estos años, que integrantes del gobierno anterior critiquen los resultados de crecimiento y de manejo fiscal es definitivamente mirar la paja en el ojo ajeno.