El Gobierno presentó el proyecto de ley que incrementa el salario mínimo desde los actuales $193.000 a $210.000, lo que significa un reajuste nominal del 8,8% y tomando la inflación entre mayo 2012 y mayo de 2013, de un 7,9%.
Para Cecilia Cifuentes, investigadora del Programa Económico de LyD, la cifra es excesivamente alta porque es complicado dar señal de que finalmente no hay restricciones objetivas al salario mínimo, porque sí las hay y lo razonable es que el reajuste del salario mínimo esté en línea con la inflación esperada y con la productividad y esta cifra prácticamente duplica eso.
La experta enfatizó en que la señal que da el Ejecutivo es un poco compleja porque "¿Cómo después en las próximas alzas de salario mínimo vamos a volver a decir que los parámetros importan si esta vez se sube más de lo que dicen los parámetros?"
Cifuentes aseguró que con la propuesta anterior se llegaba a la variación más alta desde el año 2000 y dejaba a Chile con el segundo salario más alto de Latinoamérica. "Objetivamente no era una mala cifra, sobre todo considerando que la situación macroeconómica hacia adelante se ve más compleja de lo que ha sido en estos años. Entonces, considero que el alza ha sido más allá de lo prudente", explica.
Se debe considerar también que el reajuste del salario mínimo es una señal importante para el resto de los salarios, lo que puede ser complejo en un contexto de desaceleración de la actividad económica y el empleo. Reajustes reales de esta magnitud no se veían desde antes de la crisis asiática, cuando en un contexto que todavía era favorable, se determinaron reajustes elevados para los tres años siguientes. Luego se produjo la crisis y los elevados niveles de salarios exacerbaron el desempleo.