Los mercados financieros iniciaron el año con expectativas favorables sobre los principales segmentos de la economía global, vale decir, China, Estados Unidos e incluso Europa, basadas en algunos indicadores positivos y en la visible reducción de los llamados “riesgos de cola” que pesaban sobre la Unión Monetaria Europea.
Súbitamente, surgió la crisis de Chipre, una economía pequeñísima de la Zona Euro, con la sorprendente y caótica reacción de los organismos y líderes de los países centrales de la región, todo lo cual generó un tenso temor de contagio, especialmente hacia economías de la periferia de Europa. Estas mostraron, simultáneamente, debilidades políticas de gobernabilidad, lo cual ponía en riesgo sus programas de ajuste y recuperación económica. Frente a esta situación, las expectativas se debilitaron y los mercados financieros declinaron, especialmente los de valores de renta variable, que entre marzo y mediados de abril, cayeron abruptamente.
Los commodities también cedieron, en especial, el oro, el cobre y el petróleo, más relacionados a la actividad económica futura.
En los últimos días, surgió información sobre la caída del crecimiento del PIB de China. En el primer trimestre de este año alcanzó a 7,7%, en lugar de una expectativa de 8%, acentuando el temor en los mercados que han sobre reaccionado a un hecho puntual, agudizando así, la caída de los mercados financieros y los commodities. El cobre ha llegado a 314,39 la libra, el oro retrocedió a 1.426,10 la onza troy y el petróleo wti tocó los 89,19 el barril.
Como resultado de lo anterior, JP Morgan rebajó su estimación de crecimiento económico global del primer trimestre a 2,7% y más aún, proyectó un segundo semestre con una expansión económica de un 3,1% a nivel global.