Los últimos resultados del Censo dados a conocer hoy muestran que la población aumenta, pero menos de lo esperado para nuestro nivel de desarrollo. Somos 16,6 millones de personas; 8,1 millones de hombres y 8,5 millones de mujeres.
Rosita Camhi, investigadora del Programa Social de LyD, explica que Chile ha tenido cambios demográficos significativos en las últimas décadas. La tasa de crecimiento anual inter censal por cien habitantes cae desde 1,24 a 0,99. Esta cifra es cercana a países de la OCDE como Estados Unidos (0,84), Canadá (1,18), Reino Unido (0,68), Corea del Sur (1,40), Nueva Zelanda (1,09), Suiza (1,18) y Suecia (0,84).
Detrás de esta cifra se cuentan dos fenómenos importantes uno de ellos es la fuerte caída de la natalidad. En diez años (2002-2012) el promedio de hijos por mujer en edad fértil (15 A 49 años) cae de 1,59 a 1,45, lo que contrasta con un promedio de 3,2 hijos para las mujeres mayores de 50 años que corresponden a la generación anterior de madres. El promedio es cercano a 1,8 hijos por mujer Estas tasas son similares a los países más desarrollados de la OCDE como es el caso de Noruega (1,92), Japón (1,32), Italia (1,38), Alemania (1,36).
El segundo fenómeno que surge de esto y que ya está presente es el alto envejecimiento de la población. Entre el 2002 y el 2012 las personas mayores de 60 por cada 100 menores de 15 aumentaron desde 44 a 67.
Entre los factores que inciden en la caída de la natalidad, tal como ha ocurrido en países más desarrollados, están los mayores niveles de escolaridad y la incorporación de la mujer al mercado laboral que ocasionan un cambio aspiracional. Mujeres más educadas logran una mayor retribución económica y con ello el incentivo a trabajar aumenta, lo que lleva a disminuir los hijos deseados o retardar los nacimientos. Otro factor está dado por el mayor costo de educación de los hijos y por la aspiración de lograr educación superior para ellos, lo que lleva a que las familias quieran tener menos hijos pero más educados.
Estos cambios tendrán fuertes consecuencias en el futuro, ya que cada vez más la fuerza de trabajo joven deberá sustentar a un mayor número de adultos mayores y por consiguiente habrá que repensar muchas políticas laborales y previsionales y de salud, como la jubilación a una edad más tardía y que las personas permanezcan insertas en el mercado laboral por más años y que puedan vivir en forma más saludable.