EL REGRESO DEL MODELO

A continuación reproducimos el ensayo de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicado en La Tercera:

En el último tiempo se ha producido polémica por la publicación de tres libros: el de Cristián Larroulet, “Chile Camino al Desarrollo”, el de Jovino Novoa, "Con la fuerza de la libertad" y el de mi autoría, que da el título a este artículo.  Algunos han querido ver una suerte de fractura en la centroderecha a partir de visiones distintas de lo que ha sucedido en Chile en los últimos años. Si bien estos tres libros tienen diferencias en algunas interpretaciones de nuestro pasado reciente, no muestran una divergencia importante a la hora de resaltar las ideas y principios que caracterizan a la centroderecha y su publicación, lejos de reflejar una ruptura del sector, da cuenta de una centroderecha pensante que debate sobre ideas y proyectos de futuro.

Los intentos por etiquetar a la centroderecha en categorías (vieja o nueva, pragmática o doctrinaria, conservadora o liberal) son falaces y esconden el intento de descalificar a alguien. Es un viejo recurso retórico (no muy sofisticado hay que decirlo) construir un hombre de paja que sólo está en la imaginación de su creador y luego destruirlo. El criterio de entomólogo para caracterizar a las personas de centroderecha no recoge la diversidad que ésta tiene hoy, donde podemos encontrar personas que en algunos temas manifiestan disposición a revisar las posiciones tradicionales del sector y en otros, en cambio, creen que es bueno volver a los fundamentos que han inspirado su pensamiento político. Siempre será saludable que los partidos políticos y sus dirigentes discutan acerca de propuestas y que las tendencias que se den al interior de los partidos o coaliciones respondan a discrepancias de opinión, en lugar de reflejar intereses o proyectos personales.

Esta discusión de ideas tendrá que dar origen a un proyecto para ofrecer a los chilenos, que no podría estar alejado de los tiempos, insensible a las preocupaciones de los chilenos y sus nuevas aspiraciones; pero que tampoco comulgará con ruedas de carreta  comprando el diagnóstico equivocado de que los chilenos quieren un rompimiento total con los últimos treinta años de nuestra historia.

Nuestra visión, expresada en el libro, es que la política chilena podría estar frente a un punto de quiebre si un mal diagnóstico, pesimista y derrotista, nos lleva a transitar por un camino que eche por la borda gran parte de los logros que entre todos hemos conseguido en las últimas décadas. Por el contrario, los aires de cambio que vive hoy la política chilena pueden ser renovadores y germinar en un proceso virtuoso para la centroderecha y las ideas que representa,  ya que se observa en la sociedad una revalorización de la competencia, de la institucionalización de la política y del debate de ideas.

Parte de la clase política se ha sumado irreflexivamente a tesis equivocadas para explicar el “malestar” generalizado que habría en el país y muchos problemas de la sociedad chilena, propias de nuestra condición y estado de desarrollo, se han asociados al “modelo”, sin que tengan un origen en él. Ni la centroderecha, en particular el gobierno; ni menos quienes lo han administrado por veinte años -la Concertación-, han hecho esfuerzos serios por defender algunos de los muchos elementos positivos que tiene el marco institucional y económico chileno. Una revisión seria de las cifras de pobreza, calidad de vida y oportunidades de las últimas décadas muestra que Chile ha avanzado con fuerza en las últimas décadas, sin en ningún caso dejar atrás de esta bonanza a los sectores más vulnerables. El “modelo”, entonces, ha sido motor de movilidad social y de bienestar para los chilenos, que están viviendo hoy los beneficios de un orden económico y social que ha dado sus frutos.

¿Qué explica entonces los amplios movimientos sociales del 2011, que dieron la oportunidad para las críticas intelectuales al modelo? Hay elementos comunes entre las muestras de descontento que vivió Chile ese año. Todas apuntaban a cuestionar el poder: el poder del gobierno entre los ciudadanos; el de los empresarios ante los consumidores; el poder central entre los habitantes de las comunidades locales; el de los políticos entre los electores; el de la Iglesia Católica y otras instituciones religiosas entre los fieles; el de los medios de comunicación masivos como la televisión y los diarios entre los usuarios de las redes sociales. Se trata de un cuestionamiento a los mecanismos tradicionales de representación.

Así es como llegamos al concepto de la desintermediación. Las sociedades modernas, caracterizadas por democracias representativas y economías de mercado, utilizan como mecanismo habitual de interlocución entre los ciudadanos y el poder la intermediación. En el caso de la política los intermediarios tradicionales son los partidos y los parlamentarios. En el ámbito de la información son los medios de comunicación; en el campo del acceso a bienes y servicios de consumo, la tarea la llevan adelante las empresas. Pues bien, nuestra tesis es que hoy día todos esos espacios de intermediación, antes incuestionados, están desafiados y ello es particularmente cierto en el caso de Chile. Esto exige a quienes pretendan ejercer liderazgo en nuestra sociedad proponer nuevas formas para relacionarse con los ciudadanos y  la centroderecha tiene un conjunto de ideas capaces de generar las soluciones que el Chile de hoy está demandando y que es tarea de sus líderes interpretar correctamente esas aspiraciones.

En la centroderecha no  somos insensibles frente al dolor, la pobreza o la inseguridad; simplemente pensamos que nuestras soluciones para atacarlas son mejores que las del socialismo. Queremos reducir la desigualdad, pero hacerlo sobre bases permanentes, que potencien a las personas, que las saquen de la tutela del Estado, que fomenten el emprendimiento y no que las transformen en clientes de políticos todopoderosos y populistas. Estamos convencidos que eso es también lo que quieren los chilenos.

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