A raíz del anuncio de Bolivia de demandar a Chile ante la Corte Internacional de La Haya por su acceso al mar, ponemos a disposición este estudio de Karin Ebensperger y Claudia Hernández, del Programa Sociedad y Política de LyD, donde se analizan los temas limítrofes de Chile con sus vecinos:
Las relaciones exteriores debiesen ser una preocupación permanente, para que la inserción de Chile en el mundo sea efectiva. Es así como malas relaciones con los vecinos limitan las posibilidades de una cooperación constructiva.
Como ha sido una constante en nuestra historia, la política exterior chilena ha resaltado el papel del respeto a los tratados internacionales y, la posición ha sido unánime, en todos los gobiernos, de considerar zanjados los problemas de límites .
Es así como Chile no tiene problemas limítrofes pendientes más allá del trazado de la línea del “sector B” de Campo de Hielo Sur con Argentina. Las fronteras de Chile están claramente establecidas y reconocidas en diversos tratados y sentencias arbitrales, cuyo cumplimiento irrestricto le ha permitido al país gozar más de un siglo de paz. El Tratado de Maipú de 2009 preserva la integridad de lo pactado anteriormente y pretende generar una relación más dinámica en la frontera y la cooperación política.
La buena vecindad, en el ánimo de ser constructivos, no pasa por la vía de modificaciones intermitentes de límites, sino por la permanente apertura económica, comercial y de inmigraciones entre los países. En este sentido, la diplomacia chilena ha logrado en los últimos meses acercamientos importantes con varios gobiernos de América Latina, incluso con aquellos con los que, como en el caso boliviano, se habría esperado que la relación fuera difícil.
La interdependencia de nuestras economías está aumentando. En esa línea, Chile debe intensificar sus relaciones con Bolivia y con Perú. La agenda de cooperación, basada en lineamientos más amplios que los temas comerciales, que se mantiene con Bolivia ofrece un marco para las relaciones entre ambos países, que permiten generar un nuevo clima de confianza mutua y colaboración. Sabemos que esto es un proceso largo y complejo.
Finalmente, hacer política exterior hoy significa definir con mucha precisión nuestros objetivos como nación. Uno de los principales es nuestra vinculación con la región a la que pertenecemos, que constituye nuestro espacio geoeconómico y geopolítico esencial. Implica también, el conocimiento y la defensa de nuestra historia.