A continuación reproducimos la columna de Francisco Klapp, investigador del Programa Económico de LyD, publicada en La Segunda:
La Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) es una fotografía que se toma en el trimestre octubre-diciembre de cada año y provee indicadores de los ingresos que perciben las personas y los hogares provenientes tanto del trabajo como de otras fuentes. Los recién publicados resultados del 2011, al utilizar la misma base que el 2010, permiten una buena comparación y constituyen una valiosísima fuente de información detallada a través de deciles de ingresos, grupos etarios, regiones, actividades y géneros.
Esta mirada a los chilenos y sus ingresos confirma algunas de las positivas cifras que ya bien conocemos a partir de otras mediciones y que la actual administración generosamente ha difundido. Entre éstas destaca el crecimiento de los ingresos promedio de los ocupados y de las familias en un 8,4% y 7,7% nominal, respectivamente, lo que supera con creces al incremento general de precios de 3,3% que marcó el IPC en 2011 y que naturalmente se traduce en un aumento del poder adquisitivo y el bienestar de las familias. Este es un fenómeno que además se repite en 12 de las 15 regiones del país.
Por otro lado, la NESI trae a colación algunas de las cifras menos alentadoras del país, como lo es la brecha de ingresos entre hombres y mujeres, que se traduce en que las mujeres presenten en promedio ingresos un 34,5% menores al de los hombres (con unas pocas notables excepciones como la minería). Esta brecha se aumenta entre 2010 y 2011, pero debe ser observada con cuidado porque también responde a una incorporación de mujeres menos capacitadas al trabajo, lo que sin duda es positivo.
Pero más relevante que todo lo anterior, es que la NESI nos recuerda una vez más algo poco novedoso, pero definitivamente poderoso -y que un actual candidato presidencial independiente ya hiciera suyo en un libro algún tiempo atrás-: el empleo es “la” herramienta para superar la pobreza de manera definitiva. Los datos de la NESI, como también lo fueron los de la Encuesta CASEN, son absolutamente elocuentes: dentro del 10% más vulnerable (el primer decil) sólo 1 de cada cuatro personas se encuentra ocupada, mientras que en el 10% más próspero (decimo decil) 3 de cada 5 lo están. Con una tasa de desocupación 25 veces mayor que la del decimo decil, este 10% de chilenos en situación de pobreza dependen más que nadie -y nos recuerdan que se debe plantear como un imperativo moral- que el país siga sosteniendo un alto ritmo de crecimiento, creación de puestos de trabajos y políticas pro capital humano, motores del acceso masivo e igualitario al trabajo.