Considerando la situaciĂłn macroeconĂłmica actual, tanto en tĂŠrminos de inflaciĂłn como de productividad laboral, un reajuste de 4% serĂa una cifra razonable. El que sea menor que el de 2011 se explicarĂa por la disminuciĂłn de la inflaciĂłn, en un contexto de productividad laboral prĂĄcticamente estancada. La peticiĂłn de la ANEF de 8,5% (y 15% ponderado considerando el reajuste de 30% para un porcentaje similar de funcionarios) mĂĄs una serie de beneficios adicionales, estĂĄ absolutamente alejada de un rango razonable.
Las mejoras en la condiciĂłn de remuneraciones y contractuales de los empleados pĂşblicos deberĂan pasar por mejores Ăndices de eficiencia en la gestiĂłn y por condiciones de mayor flexibilidad en el empleo, que no existen actualmente. No sĂłlo hay carencia de un proceso de calificaciĂłn confiable, sino que en la prĂĄctica, tanto en tĂŠrminos de remuneraciones como de estabilidad laboral, los funcionarios pĂşblicos estĂĄn en una clara posiciĂłn de privilegio respecto al resto de los trabajadores chilenos.
Si los funcionarios pĂşblicos quieren estar y mantenerse en una situaciĂłn superior al promedio de los trabajadores chilenos, deben estar en condiciones de mostrar que esos privilegios se justifican de verdad en la calidad del servicio que prestan, y sobre este aspecto no hay duda de que estĂĄn al debe.