A continuación reproducimos la columna de Cecilia Cifuentes, investigadora del Programa Económico de LyD, publicada en La Segunda
“Yo nunca le he hecho asco al trabajo” dijo Juan Herrera a su socio en la exitosa serie el domingo pasado. Es cierto, las dos características más marcadas de este notable personaje son su clara conciencia del deber y su honestidad a toda prueba. El y su señora viven apretados, tal cual ha sido y es la realidad de la gran mayoría de los chilenos, y a pesar de eso, no caen en la tentación de vivir más allá de sus posibilidades. Pero la lección más importante que nos da Juan es que con esas dos valiosas virtudes, trabajo duro y honestidad, es posible surgir, incluso en un contexto de Estado Benefactor inexistente para la clase media en ese entonces. En los inicios de la serie vimos a Juan pasar la angustia de quedar cesante sin ser profesional, y hoy lo vemos como socio de la empresa textil. Vemos también que como jefe, tiene como prioridad cumplir con su gente y premiar el esfuerzo de sus trabajadoras. Realmente admiro a los muchos Juanes Herrera que surgieron en esa época, y que hoy pueden mandar a sus hijos a la universidad y disfrutar de mejorías notorias en su calidad de vida.
Chile sufrió una profunda crisis económica a inicios de los 80’s, que dejó cesante a muchos trabajadores como Juan, los que debieron hacer grandes esfuerzos por sacar a sus familias adelante. La mayoría lo logró por sus propios medios, sin mayor ayuda del Estado, dando de paso a sus hijos un muy valioso ejemplo de esfuerzo, y disfrutar también del premio a ese esfuerzo.
¿Está Chile incentivando a que haya muchos Juan Herrera actualmente? En términos generales pienso que sí, pero tengo temor de ciertos discursos y de una tendencia a aumentar beneficios sociales, desligando de esta forma el esfuerzo personal y el consiguiente premio. Este temor no surge de la nada, sino de mirar la desastrosa y compleja situación de aquellos países europeos que en épocas de bonanza construyeron generosos Estados de Bienestar, y que hoy no tienen como financiar. Se suma el elevado costo político de tener que decir a sus habitantes que los derechos que creían suyos no se pueden pagar, y que finalmente necesitan trabajar más para recuperar los bienes que creían que tenían. El problema de fondo es que durante treinta años se desligó el premio del esfuerzo, y ahora se requiere un cambio cultural, lento y difícil de lograr. Esto nos lleva a estar atentos para no seguir esos caminos, que pueden ser muy populares políticamente en el corto plazo, pero que terminan siendo nefastos para un desarrollo duradero.
Dentro de estas políticas hay una que me parece especialmente preocupante; la tendencia a la gratuidad de la educación superior, ya sea por créditos excesivamente generosos en términos de costo en relación al retorno de capital humano, ya sea por condiciones de pago muy generosas, o finalmente porque sea el Estado el que cobre los créditos, a sabiendas de lo complejo que resulta este proceso en la práctica. Pero la gratuidad no sólo es mala por su elevado costo fiscal, sino también porque afecta negativamente la necesidad de esfuerzo de Juan Herrera y sus hijos. Si se les pregunta a los padres tipo Juan Herrera por su principal motivación para trabajar, la respuesta será una sola; pagar más y mejor educación para sus hijos, proyecto además que es el más rentable en que pueden invertir ¿Qué ocurre con ese esfuerzo laboral si la educación no tiene costo? Por otro lado, el esfuerzo de los hijos se corresponde al anterior, buscan mejores resultados académicos, tratando también de elegir la carrera que más se acerca a su vocación. Nuevamente, ¿Qué ocurre con el esfuerzo de estudio y con los cambios de carrera si la universidad no tiene un costo importante para ellos?
Para mí la conclusión es que el creciente acceso a la educación superior, financiada principalmente con el esfuerzo de los padres, ha sido un motor clave de desarrollo en los últimos veinte años, no lo destruyamos. No es injusticia social, sino por el contrario, ya que cada vez más es el capital humano el principal determinante del éxito personal.