CAÍDA EN RANKING MUNDIAL DE IGUALDAD DE GÉNERO: ¿CÓMO SOLUCIONARLO?

Los resultados obtenidos por Chile en el Ranking Global de Igualdad de Género del Foro Económico Mundial vuelven a poner sobre la mesa los temas de participación de la mujer tanto en el campo político como en el mercado laboral.

Silvia Baeza, Coordinadora de Estudios Jurídicos de LyD, explica que en materia política, lo aspectos considerados en la evaluación son participación femenina en el parlamento y ministerios, además del número de años en que una mujer ha ostentado el cargo de jefe de estado-en relación a los hombres-en los últimos 50 años. En materia  laboral, los factores considerados son el porcentaje en la fuerza laboral, los salarios, la presencia en cargos directivos -públicos o privados- y  los cargos profesionales y técnicos desempeñados por mujeres.

Chile se encuentra en el lugar 87 de 135 países (el 2011 estaba en el lugar 46) y sus aspectos descendidos son precisamente los  relacionados con las áreas laboral y política (lugares 110 y 64 del ranking), mientras que en educación y salud  se encuentra en los lugares 32 y 1 respectivamente.

Las reacciones a favor de sistemas de acción afirmativa o discriminación positiva para mejorar estos índices contrastan con los datos del propio informe, ya que los 7 países con mejores índices en el ranking global y de participación política son naciones que no han adoptado leyes de cuotas obligatorias para mujeres en sus parlamentos. Así,  Islandia (1), Noruega (3) y Suecia (4) tienen sistemas de cuotas voluntarias de partidos mientras que  Finlandia (2), Irlanda (5), Nueva Zelanda  (6) y Dinamarca (7) no tienen leyes de cuotas.

En este escenario, los incentivos -principalmente económicos-se presentan como una alternativa para aumentar la participación femenina. Los principales obstáculos mencionados por las mujeres se refieren a falta de recursos, falta de confianza y a los altos costos personales que conlleva la actividad política.

Respecto a los recursos, los incentivos deberían enfocarse en anticipos para campañas, financiamiento en primarias y financiamiento electoral general. La falta de confianza exige educación, capacitación y acceso al mercado laboral, paso previo a la participación política. Los costos familiares hacen necesario abordar el resistido tema de la flexibilidad laboral.

La auto regulación de los partidos en cuanto a exigir determinada participación de mujeres puede incentivar potenciar candidaturas de mujeres. Sin embargo, para que la auto regulación sea efectiva cobra especial importancia el control de la sociedad civil, que vele por el cumplimiento de dicha regulación y ponga en evidencia a quienes incumplen. Por ejemplo “sellos pro-mujer” adoptados por los partidos políticos y difundidos ampliamente a la opinión pública pueden colaborar en su cambio de conducta. En la medida que alguno de los partidos haga de esta bandera la suya propia, es difícil que los demás no se sumen en un tema que concita tanta adhesión ciudadana.

Finalmente, los incentivos deberían aplicarse en forma temporal- por un número de elecciones- para incentivar el ingreso a la política sin transformarse en una barrera de entrada para nuevos actores, ya que una vez ganados los espacios  no se justificará un tratamiento diferenciado, entre hombres y mujeres.

En materia laboral, la esperada modificación del Artículo 203 del Código del Trabajo sobre sala cuna puede contribuir en forma importante a incentivar contratación de mujeres, especialmente de menores ingresos. Podría ser también que este deterioro en el ranking motivara a que se volviera a ver el proyecto de Teletrabajo, paralizado en el Congreso. La flexibilización de jornada es otra materia que favorece principalmente la inserción laboral femenina. Sin embargo, a pesar del deterioro del índice es importante considerar que en los últimos tres años la participación laboral femenina ha aumentado en forma significativa, de 43% a 47%, siendo esta cifra un récord histórico. La CASEN 2011 también muestra una reducción de la brecha salarial, aunque moderada. En definitiva, sería muy positivo que esta caída en el índice motivara avances en políticas que han sido postergadas, pero también es justo reconocer que a pesar de que ya no tenemos una mujer como presidenta, las trabajadoras chilenas han visto mejorar su situación en los últimos años.

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