Hoy se aprobó en la Sala de la Cámara el proyecto de primarias. José Francisco García, Coordinador de Políticas Públicas de LyD, enumera los pilares del proyecto: siguientes: voluntarias –siendo el consejo general de los partidos políticos el órgano encargado de tomar la decisión de participar–; vinculantes –principalmente importa que los candidatos perdedores no se puedan presentar en las elecciones generales–; simultáneas –entre partidos y/o coaliciones políticas–; para designar los cargos de alcalde, parlamentario y Presidente de la República; financiadas por el Estado y en donde el Servicio Electoral es el encargado de organizarlas. Asimismo, se les aplica la Ley N° 19.884 sobre límite, control y transparencia del gasto electoral; y en donde los Consejos Generales deben tomar la decisión del padrón electoral que será invitado a dicha primaria, eligiendo entre distintas opciones que varían entre abiertas –todos los inscritos del padrón electoral) o cerradas –donde sólo se permite a los militantes del partido y/o pacto electoral–.
En lo grueso, se trata de un proyecto que tiene gran potencial en términos de oxigenar nuestra política, aumentar la competencia y legitimar el proceso de designación de candidatos. Sin embargo, existen al menos tres desafíos futuros que se deben considerar para mejorar esta legislación.
En primer lugar, el proyecto obliga a los independientes a requerir del patrocinio de un partido político para entrar a la “papeleta”. Eso es un candado. Una de las indicaciones que ha sido puesta en la mesa es que por tratarse de un tipo especial de independiente –aquel que es perfectamente identificable con una coalición política–, éste pueda pedir un 10% de firmas de los militantes del pacto electoral para poder ingresar a la primaria. Se trata de una regla que sólo operaría en pacto electoral y es exigente: en un plazo cercano a los 70 días se deben juntar muchas miles de firmas que además deben ser representativas de los militantes de todos los partidos de dicho pacto.
En segundo lugar, se debe aumentar el peso de los militantes del partido en decisiones básicas, por ejemplo, que un porcentaje de ellos (10%), pertenecientes a un territorio electoral, puedan pedirle al Consejo General que se pronuncie respecto de la realización de primarias. Un paso conservador ciertamente, pero inteligente, al poner presión –y los focos de los medios– en potenciales intentos de bloquear candidaturas locales desde las alturas.
En tercer lugar, el límite al gasto electoral (cuánto puedo gastar) y el periodo de campaña son fundamentales. Para los candidatos desafiantes, la clave es lograr el conocimiento del electorado. Y sabemos que los incumbentes son amigos de dos reglas: disminuir el periodo de campaña y tener gastos electorales bajos. Mantener un periodo de campaña de primarias razonable y ojalá permitir que los desafiantes puedan gastar más que los incumbentes son dos reglas pro-competencia.