Los bajos niveles de aprobación del Ejecutivo han dado lugar al surgimiento de distintas hipótesis. Ha tomado relevancia aquella que plantea que el alza de los precios de los alimentos estaría detrás del malestar de las personas, reduciendo así la aprobación del Gobierno.
De acuerdo a un análisis de LyD, después de estimar distintos modelos de regresión, tomando las bases de datos de la encuesta CEP, no se observa una relación evidente entre las alzas en los precios de los alimentos y la aprobación de los presidentes.
Las estimaciones indican que una mala percepción de la economía reduce en 18 puntos porcentuales el nivel de aprobación, una mala expectativa futura de la economía reduciría la aprobación en 12,5 puntos y la entrega de un bono no pareciera tener un efecto relevante en popularidad.
Incluso suponiendo que existiese esta relación, queda la inquietud sobre qué puede hacer un gobierno para mejorar su aprobación haciendo uso de ésta. Si para muchas familias los alimentos representan una proporción muy grande de su presupuesto y esto causa malestar, la solución sustentable es volver a enfatizar el crecimiento económico y el empleo como las principales políticas sociales con las que cuenta un país. El peligro está en las soluciones populistas de corto plazo, como las fijaciones de precios o las entregas de bonos, cada vez más onerosos, menos focalizados y de cuestionable rentabilidad social.