A continuación reproducimos el contrapunto de Cecilia Cifuentes, investigadora del Programa Económico de LyD, publicado en Pulso:
En los cursos introductorios de Economía se aprende que los impuestos afectan las señales de precios, por lo que alteran el comportamiento de los agentes económicos, y en la mayoría de los casos, en una forma no deseada desde el punto de vista de asignación de recursos.
El impuesto a las empresas disminuye el retorno de la inversión para sus dueños. Frente a esta situación ésta tiende a disminuir o crecer menos, lo que ocurre en mayor medida si los flujos de utilidad son la principal fuente de recursos para la empresa, lo que es efectivo especialmente en empresas pequeñas. Podemos decir entonces, con bastante certeza, que una mayor tasa de impuestos altera las decisiones de inversión de las empresas pequeñas y medianas, con lo que se afecta también la contratación de mano de obra por parte de éstas.
Pero ese no es el único efecto. Si las empresas ven afectado en forma negativa su retorno, dependiendo de la estructura del mercado donde operen, traspasarán este menor retorno a un menor crecimiento de salarios y/o a mayores precios de sus productos. Por ende, quienes pagan finalmente estos mayores impuestos son en parte los dueños de las empresas, lo que los lleva a invertir y contratar menos. Pero también lo pagan los trabajadores y los consumidores, por lo que el efecto en equidad del impuesto es ambiguo.
La condición entonces para compensar estos efectos negativos en equidad y eficiencia es asegurar que esos recursos sean bien gastados, y que puedan generar al menos efectos positivos equivalentes a los perjuicios que ocasionan.