Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, participó en el seminario "La rentabilidad de la educación superior en Chile: ¿Educación superior para todos?" , donde comentó el trabajo realizado por Sergio Urzúa, economista jefe del área de políticas sociales del Centro de Estudios Públicos (CEP).
A continuación reproducimos el análisis de este trabajo:
El trabajo de Sergio Urzúa sobre rentabilidad de la educación superior en Chile es un aporte interesante a la discusión acerca de políticas públicas en el área.
Su principal aporte, de hecho, es ayudar, con acopio de números, a formular diversas hipótesis acerca de cuan valiosos son los estudios superiores para los alumnos chilenos.
Aclaremos sí que son hipótesis y no conclusiones. No hay en el estudio la posibilidad de controlar por selección, esto es no existe un grupo de control válido que permita sacar conclusiones. La mayor parte de las veces, Sergio compara al grupo de egresados de Educación Media con el grupo de alumnos que decidió seguir estudios superiores para hacer sus mediciones de rentabilidad.
De entre las hipótesis formuladas en la primera parte, que utiliza los datos de la CASEN desde 1998 al 2009, las principales son:
° Estudios superiores completos son mucho más rentables que estudios superiores incompletos.
° Estudios superiores no son suficientemente “defensivos” en materia de empleo ante una crisis (2008), especialmente si los estudios son incompletos.
° Estudios superiores no blindan frente a la pobreza, especialmente si son incompletos y si ningunos de los padres de los jóvenes completó educación superior.
° Sólo alumnos con estudios superiores completos tienden a mudarse a vivir a comunas de más altos ingresos.
° Sólo alumnos con estudios superiores completos y con mayor razón si sus propios padres tienen educación superior completa, tienden a matricular a sus hijos en colegios de mejor rendimiento.
Varios de estas hipótesis son bastante intuitivas y aún en ausencia del respaldo numérico que ahora tenemos, formaban parte del conocimiento acumulado sobre la materia. De hecho, por ejemplo, en LYD en un estudio panel con la CASEN realizado el año 2004 por Felipe Kast y Rodrigo Castro, se muestra la movilidad, hacia arriba y hacia abajo en el grupo de personas que caía en la situación de pobreza , siendo el empleo, mucho más que el nivel de educación lo que explica esa movilidad.
Lo novedoso del estudio de Sergio vendría a ser que la hipótesis más consensuada, en el sentido que la educación superior es rentable privadamente, vendría a ser desafiada, especialmente para el caso de los alumnos que no completan la educación superior, en cuyo caso la hipótesis sería la contraria.
Cabe agregar algunas consideraciones acerca del período utilizado, 1998-2009, que es uno en que la economía chilena no se ha comportado muy bien, por diversas razones, y que podría estar influenciando algunos de los resultados. Ello es especialmente válido para la CASEN 2009, en plena crisis. Otra duda que cabe, es si este período de 10 años, y períodos de ingresos laborales muy cortos para los universitarios, 1, 2 o 3 años en muchos casos, son suficientes para reflejar el mayor valor que la educación superior puede entregar a un joven. Recordemos que para los efectos de este estudio, ese trabajador se estará comparando con un joven, egresado de educación media, que tendrá más experiencia laboral que él. ¿No habrá que darle más tiempo a los estudios superiores para demostrar su efecto sobre el nivel de las remuneraciones? De hecho la observación práctica a uno le dice que en algunas carreras, las que tienden a pagar mejores sueldos en promedio como Derecho, Ingeniería e Ingeniería Comercial, los incrementos importantes en remuneraciones empiezan a darse en torno al cuarto año de trabajo.
Por último, cabe preguntarse si la CASEN es el instrumento adecuado para hacer este estudio. La ventaja de su gran tamaño muestral y abundancia de información debe contrastarse con la desventaja de ser un instrumento de diagnóstico y evaluación de políticas sociales, poco fino para un análisis sobre educación superior.
Cálculos de Rentabilidad Privada.
Para entrar en un análisis más de detalle que la CASEN no permite al no diferenciar entre instituciones, Sergio muestra los resultados de un estudio econométrico realizado con otros autores, que sugiere que un 39 % de los estudiantes titulados de educación superior tendrían rentabilidad negativa de su decisión de estudiar. El número parece bastante alto y llama a seguir investigando sobre esta materia.
Es lo que el autor hace con datos que recientemente el Ministerio de Educación ha puesto a disposición de la comunidad y que contienen información sobre aranceles, duración de los estudios e ingresos que obtienen los titulados por carrera y establecimiento.
A partir de allí se hace un interesante ejercicio acerca de rentabilidad privada de carreras como Ingeniería Comercial, Derecho, Psicología y Periodismo. Ignoramos los criterios de selección, pero claramente las dos primeras están entre las más masivas y valoradas y las dos últimas son “sospechosas” de sobreoferta, aún antes de mirar los números.
Las conclusiones efectivamente señalan que en promedio Ingeniería Comercial y Derecho presentan altos retornos mientras que Psicología y Periodismo retornos negativos y muy significativos, que llegan a ser preocupantes.
Los resultados son, no obstante, altamente dependientes de la decisión, arbitraria, que tomó Sergio de utilizar el percentil 75 de los estudiantes con educación media como comparable para medir la rentabilidad. La sensibilización, incluso, usa el percentil 90. Sería interesante sensibilizar con el percentil 50 o mediana, ya que los utilizados en el trabajo de alguna manera predeterminan los resultados. La hipótesis, suponemos, de que los alumnos que optan por seguir estudios superiores serían “mejores” que los que deciden quedarse en educación media es lo que lleva a usar esos percentiles, sin embargo con un acceso tan masivo a la educación superior este supuesto podría ser discutible. Los estudiantes que deciden quedarse en la media podrían ser más “realistas”, más “trabajadores”, más “responsables” todas ellas características que no podemos conocer, por razones metodológicas, pero que podrían llevar a un mejor desempeño laboral.
Un detalle que puede ser importante. En las conclusiones se dice que en Chile, Derecho en la universidad X cuesta los mismo que Derecho en la Y, aún cuando la universidad Y genere abogados de mucho mejor calidad que la X. Me parece que el ejemplo está mal elegido, ya que el estudio dice que para las carreras de Derecho e Ingeniería Comercial se encontró una asociación significativa y positiva entre arancel y retorno. Se señala a mayor abundamiento que en estas dos carreras todos los retornos estimados son positivos.
Luego está la presentación, con la misma base metodológica, de un ranking de carreras en función de su rentabilidad. Esta información es atractiva y constituye una ayuda para padres y alumnos. Las dudas que hemos expresado acerca de los percentiles utilizados en este caso afectan a todos los planteles por igual sin alterar el orden, aunque un criterio distinto al respecto podría hacer a algunas carreras cambiar de grupo.
Conclusiones
El trabajo es interesante en cuanto desafía la hipótesis nula con que se ha trabajado hasta ahora, en el sentido que la educación superior es siempre rentable y constituye un importante vehículo de movilidad social. Ayuda a desmentir, quizás los más viejos que Sergio ya lo sabíamos, esto de que el acceso a la educación superior “asegura” el éxito en la vida, o que hay una suerte de “garantía” de los estudios universitarios.
Por las razones metodológicas que hemos señalado, no obstante, si aceptamos como conclusiones algunas cosas que son hipótesis, podríamos transitar desde la insensatez de pensar que el Estado debe financiar universidad a todos, confiados en que siempre será rentable; al otro extremo, el del escepticismo, que llevaría a recomendar no seguir estudios superiores a la gran mayoría de los estudiantes y a desconocer que, en determinadas circunstancias, sí puede ser un importante vehículo de movilidad social.
Por supuesto una conclusión reflexiva no debe ser esa, sino más bien que necesitamos mucha más información sobre universidades y carreras para que los padres y alumnos de educación superior tomen decisiones convenientes, y este trabajo es un gran aporte en esa dirección.
Sería interesante en ese sentido, para futuros trabajos considerar la información existente sobre acreditación, para ver si ese proceso está contribuyendo a tomar buenas decisiones.
También puede pensarse en tratar de descomponer la categoría de estudios incompletos entre quienes desertan definitivamente y quienes interrumpen temporalmente sus estudios, de manera de modelar mejor las decisiones de los jóvenes.
En fin, hay un largo camino de investigación en esta materia y ciertamente Sergio Urzúa tiene algo que decir.