LA NUEVA DERECHA BRITÁNICA

A continuación reproducimos la columna de José Francisco García, Coordinador de Políticas Públicas de LyD, publicada hoy en el sitio web www.elvaso.cl:

Tuve la suerte de conocer, durante su relativamente reciente visita a Chile, a Jesse Norman, parlamentario inglés (MP) conservador, por el distrito de Hereford y South Herefordshire, considerado el gurú intelectual del primero ministro británico David Cameron, y autor de diversos textos en el campo de la teoría política destacando Compassionate Conservatism (2006) y The Big Society (2010), en que ha renovado dramáticamente el cuerpo de ideas (el denominado “relato”) del partido conservador inglés (los tories) y al “cameronismo”, bajo el concepto de conservadurismo compasivo.

Norman es una de esas rarezas en política: un académico que devino en político. Se trata no sólo de un productor de ideas, de sólida formación académica en Oxford y en UCL, sino de un convencido de que la política y las políticas públicas (estamos también ante un miembro del think tank Policy Exchange) son, ante todo, una “batalla de ideas”, donde el “relato” y el “guión” conforman parte relevante de la estrategia y no son sólo medios tácticos. La Política con P mayúscula.

Cuando David Cameron en uno de sus discursos más recordados sostuvo que: “Nuestra alternativa al Estado grande (big government) no es la inexistencia del Estado –una versión refrita del laissez faire. Tampoco es un gobierno más inteligente. Nuestra alternativa al Estado grande es la Gran Sociedad (Big Society)”, la pluma detrás de la cita era notoria.

Se trataba de un intento renovado por defender el principio de la libertad y de la responsabilidad individual, ya no entrando en la confrontación directa entre la díada individuo versus Estado, sino buscando aquel espacio intermedio entre ambos, en el conjunto de sociedades intermedias que forman los individuos como los colegios, cooperativas, iglesias, ONG’s, juntas de vecinos, clubes de fútbol, etc., que permiten el pleno desarrollo de los fines individuales mediante la cooperación con otros individuos con relativa autonomía de la injerencia estatal. Como sabemos, esta idea no es nueva, y en el pasado ha tenido diversos nombres (e.g., asociativismo).

Para los chilenos esto puede ser extraordinariamente familiar por la importancia que tiene el principio de subsidiariedad en nuestra institucionalidad –mucho más que en la Europa continental o en la tradición anglosajona–.Norman reconoce en este principio formulado por la Doctrina Social de la Iglesia –con fuerza en la Encíclica Rerum Novarum (1891) y con más detalle en la Encíclica Quadragésimo Anno (1931)– y difundido como principio de acción política entre nosotros desde mediado de los 60’s por Jaime Guzmán, cierta cercanía a los fundamentos de su Gran Sociedad, aunque aislándolo tanto de los elementos religiosos presentes en la DSI, como asimismo de las miradas más corporativistas que se puedan hacer de la aplicación práctica del principio de subsidiariedad.

Tal vez por su estadía en Oxford y la influencia que ahí sigue ejerciendo el espíritu de Isaiah Berlin, llevó a Norman a comprometerse con la defensa de las ideas como centro de su acción en política. Pareciera, que el consejo de Berlin a varias generaciones de estudiantes de filosofía política en su famoso discurso sobre “Dos Conceptos de la Libertad”, pronunciado el 31 de octubre de 1958, sigue retumbando en los pasillos de dicha institución y fue absorbido por un joven Norman: “Descuidar el campos del pensamiento político porque su objeto inestable, de aristas confusas, no puede ser atrapado por los conceptos fijos, los modelos abstractos y los finos instrumentos que son apropiados para la lógica o el análisis linguistico… no es más que permitirse el quedar a merced de creencias políticas primitivas que no han tenido ninguna crítica. Un materialismo histórico muy vulgar es el que niega el poder de las ideas y dice que los ideales no son más que intereses materiales disfrazaos. Puede ser que las ideas políticas sean algo muerto si no cuentan con la presión de las fuerzas sociales, pero lo que es cierto es que estas fuerzas son ciegas y carecen de dirección si no se revisten de ideas”.

Se trata en definitiva de un intelectual en construcción que hay que tomárselo en serio y que promete revolucionar la centroderecha a escala global.

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