
En la actualidad, el sector pesquero industrial paga una patente anual, cuya recaudación alcanzó el año 2010 los US$ 31 millones. En su origen, esta patente fue diseñada como un fee de ingreso a la actividad pero, tras la introducción de los límites máximos de captura, su recaudación pasó a tener por objeto el financiar la investigación, el control y la gestión pesquera, lo que en la práctica logró un cumplimiento parcial.
Para reorientar el uso de este instrumento, es conveniente rediseñar la patente pesquera. Para ello habría que establecer el monto a recaudar en función de los recursos necesarios para financiar estudios que permitan sostener la actividad y garantizar la conservación del recurso y ser además suficiente para una administración pesquera eficiente. Adicionalmente, el pago de la patente debiera reformularse en función de la cuota asignada a cada uno de los actores y, eventualmente, hacer extensivo su pago a parte del sector artesanal, excluyendo al sector más vulnerable.