Susana Jiménez, economista senior de LyD, asegura que se ha hecho bastante referencia en el último tiempo a un estudio que señala que la participación de solo 3% de energías renovables no convencionales (ERNC) en la matriz energética del país durante el año 2010 habría reducido en US$ 129 millones el costo de operación en el Sistema Interconectado Central.
Sin duda, entre las virtudes reconocidas de la ERNC no sólo cuenta que se trata de una generación de energía limpia, sino también que sus costos operacionales son efectivamente muy bajos. El problema, sin embargo, es que gran parte de estas tecnologías, como la eólica y la solar, conllevan altos costos de inversión, lo cual eleva sus respectivos costos medios de desarrollo a niveles aún bastante por encima de las fuentes convencionales.
Esta es la principal razón -además de los problemas asociados a la generación esporádica y su baja escala de desarrollo- que explica el que difícilmente pueda esperarse una masificación de la ERNC en nuestra matriz energética en el mediano plazo.
Argumentar, por tanto, que las ERNC constituyen una alternativa más barata que permitiría reducir los costos de la energía en Chile es aún una ilusión; de lo contrario, cabría preguntarse por qué estas tecnologías han necesitado de abundantes subsidios en todas partes del mundo para poder desarrollarse.