Buenistán

En Buenistán habitan optimistas acérrimos, de pensamiento a ratos liviano y de una candidez tal que muchas veces sus apreciaciones resultan cuasi desconcertantes o cuasi irreales. Todo muy ad hoc con los tiempos actuales, plagados de reflexión ligera y de “cuasi-cosas”. Como el cuasi territorio “único e indivisible” que será Chile si no fuera porque al mismo tiempo será un Estado cuasi federal, a la Argentina, en que se promociona, como si nada, el separatismo regional e indígena y en que no se contempla resguardo alguno que vele por mantener la unidad del Estado y la coherencia con el marco jurídico nacional. O como el cuasi Poder Judicial que para poder no le alcanzó, sino solo para “sistema”; o el cuasi presidencialismo moderado que de presidencialismo tiene poco y de moderado menos (el Presidente perderá el control de las cuentas fiscales de la mano de las autoridades regionales que endeudarán al país; las leyes de iniciativa exclusiva serán más bien “de concurrencia necesaria” del Presidente y su poder de veto no será tal pues el Congreso podrá insistir en su proyecto por simple mayoría como se plantea a la fecha).

Pero las “cuasi-cosas” son bien vistas en Buenistán y si son “moderadas” más aún, aunque la moderación, me temo, solo nos deje en algún lugar entre lo malo y lo muy malo. Y es que en Buenistán lo que no es ni lo uno ni lo otro, pero sirve para no quedar mal con nadie, es óptimo.

Buena parte de Buenistán, en realidad, no sabe si el cuasi federalismo y separatismo indígena aprobado será beneficioso. Tampoco si lo será la paridad de género que se impone como mantra por doquier. Sin embargo, se sienten muy complacidos de que principios fuertemente identitarios y separatistas colmen todo el quehacer nacional. Les suena a que es “de justicia” hacerlo, sin advertir que constituyen un cerco ideológico que fraccionará al país, coartará la libertad de expresión y el acceso de muchas personas meritorias a muchas oportunidades. No se cuestionan si el cuasi federalismo que se impone significará mayor conectividad para las regiones, mejores servicios de salud o de educación, mayor acceso a viviendas o más integración de las culturas diversas que las habitan. En Buenistán saben que hay una deuda de descentralización por pagar y que hay que pagarla, aunque el pago se haga con un saco de plomo. Nos llenaremos de burocracia estatal regional y de normas inorgánicas e incoherentes con qué lidiar pues cada región decidirá su organización y estatuto y se abultará sin control la deuda pública dada la posibilidad de endeudarse de las autonomías, cuyos efectos los sufriremos todos. Nos enfrentaremos a múltiples impuestos y tasas regionales diversas y tendremos que arbitrar en qué región instalarnos según como quede compuesta cada posible Asamblea Legislativa Regional, por ahora vacía de competencias, que contribuirá al ya vasto entramado inconexo de normas con el que convivimos y a colmar a Chile de más parlamentarios caros cuando usted en realidad pedía mejores prestaciones públicas y no más políticos.

Pero seguramente parte importante de Buenistán se dio por pagado esta semana cuando el Pleno, en particular, rechazó la creación -en plano de igualdad- de una justicia nacional y de múltiples otras justicias paralelas impartidas por “not-tribunales”. Seguro en Buenistán se felicitaron. El Pleno estaba “moderando” las propuestas. Sin desmerecer el importante papel que está jugando el Colectivo Socialista y del Apruebo en la Convención (porque convengamos que los 2/3 se negocian entre las izquierdas de la Convención, la derecha no es considerada), en Buenistán olvidan que ese papel servirá tan solo para dejarnos a medio camino entre lo refundacional y lo muy refundacional. Nada para celebrar, pero en Buenistán habrá satisfacción. Y así pasaran coladas – y directo a la propuesta de nueva Constitución- el Estado regional y que los jueces deban fallar con enfoque de género (¿conforme a derecho?), pero habrá justicia abierta y eso es motivo de éxtasis superior en Buenistán y todo lo compensa.
Pero por sobre todas las cosas en Buenistán prima el auto consuelo. Total, todo se puede arreglar. Si no es en las comisiones, lo hará el Pleno en general y si no, el Pleno en particular y si no lo hará después el Congreso. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, como dicen hoy, que el futuro Congreso Plurinacional, Paritario y Unicameral (o de Senado decorativo) estimará que no nada hay que arreglar ¿Qué pensarán entonces en Buenistán? A lo mejor estarán igualmente optimistas porque el próximo Ministro de Hacienda del Presidente sin facultades del futuro sistema presidencial “moderado” será tan bueno como Marcel ¡De qué nos preocupamos!

Columna de Natalia González, Directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos, publicada en El Mercurio.-