El nuevo régimen de inscripción automática y voto obligatorio cambió los niveles de participación electoral y la composición cualitativa de este nuevo electorado, quienes se diferencian del votante habitual en un escenario de voto voluntario[1]. Este nuevo conjunto de más de 5 millones de votantes obligados -incorporado masivamente a partir del plebiscito constitucional de 2022- se caracteriza, en términos generales, por una menor exposición previa a procesos electorales, un bajo interés en la política, escasa identificación partidaria y una preocupación prioritaria por temas de seguridad, orden y estabilidad[2].

A diferencia del votante habitual, este grupo tiende a no participar de forma activa en el debate público ni en instancias de socialización política, y su participación electoral es más el resultado de una sanción legal que de una convicción. Desde el punto de vista de la psicología política y el procesamiento de información, esto sugiere que este tipo de electores adoptan con mayor frecuencia estrategias de decisión de baja elaboración cognitiva, priorizando la eficiencia, la intuición o los atajos heurísticos por sobre la deliberación racional[3]. Comprender estos patrones es clave para interpretar el comportamiento electoral bajo el actual escenario de voto obligado.

Investigaciones orientadas a desarrollar modelos teóricos sólidos, pero operativamente aplicables en encuestas de opinión pública, señalan que es posible identificar seis perfiles de votantes según las estrategias que emplean al momento de tomar sus decisiones electorales[4]. El primero, cada vez menos frecuente, corresponde al votante racional clásico, quien se inclina por la alternativa que maximiza su utilidad esperada. Este tipo de votante se caracteriza por realizar una búsqueda intensiva y comparativa de información antes de emitir su voto.

Un segundo perfil agrupa a quienes adoptan estrategias confirmatorias, dirigidas a respaldar opciones que refuercen sus preferencias previas, habitualmente fundadas en identificaciones partidarias estables o en marcos ideológicos arraigados. El tercer perfil se compone de votantes que aplican estrategias rápidas y frugales, priorizando la eficiencia cognitiva al reducir el proceso de decisión a uno o dos criterios claves, utilizados de manera uniforme para comparar entre las distintas opciones disponibles.

En cuarto lugar, se encuentran los votantes que, debido a restricciones de tiempo, acceso a información o recursos cognitivos, recurren a estrategias de decisión rápida. Este grupo focaliza su atención en alternativas que perciben como suficientemente aceptables, descartando tempranamente aquellas que presentan elementos disonantes o contrarios a sus esquemas interpretativos.

Finalmente, se distingue un quinto perfil de votantes que basa su elección en una estrategia intuitiva o afectiva, caracterizada por decisiones no deliberadas, guiadas por impresiones inmediatas o sentimientos, sin recurrir a procesos comparativos o evaluativos de tipo racional.

La aplicación de las estrategias varía en relación con regímenes de voto voluntario u obligatorio. Así, por ejemplo, en contextos de voto voluntario, como fue el caso de Chile entre 2012 y 2021, quienes concurren a las urnas tienden a exhibir un mayor interés político y recursos cognitivos, lo que favorece el uso de estrategias racionales o confirmatorias, vinculadas a identificaciones partidarias estables y búsqueda deliberada de información. Esto ha sido ampliamente explorado por la ciencia política, donde se ha demostrado una asociación entre ingresos y mayor participación electoral[5][6].

Por su parte, bajo un sistema de voto obligatorio con inscripción automática, como el vigente en Chile desde el plebiscito constitucional de 2022 y 2023, junto con las recientes elecciones locales de 2023, se incorporan al electorado segmentos históricamente ausentes -particularmente jóvenes, personas de menores ingresos y con baja politización[7]- quienes, enfrentados a una obligación más que a una motivación profunda, tienden a adoptar estrategias heurísticas, frugales o intuitivas, caracterizadas por una búsqueda superficial de información (redes sociales, por ejemplo), uso de atajos cognitivos o decisiones guiadas por la intuición y emociones, predominando las estrategias de los grupos 4 y 5 de votantes, estrategias intuitivas, emotivas y de decisión rápida.

La evidencia recogida por algunos estudios exploratorios muestra que estos nuevos votantes tienen un menor interés por la política, menor identificación partidaria, mayor orientación hacia temas de orden y seguridad y más conservadores en variables tales como adopción homoparental y aborto libre[8]. Por lo que esta baja intensidad ideológica hace que este segmento opte precisamente por estrategias que exijan una menor carga y recursos cognitivos.

En este contexto, y bajo un escenario de alta competencia electoral, los candidatos presidenciales tenderán a enfocar sus campañas en este amplio segmento de votantes que representa cerca de un tercio del padrón. Ello eleva el riesgo de que las ideas, los programas de gobierno bien elaborados y la experiencia en gestión pública sean desplazados por discursos simplistas, eslóganes y promesas de soluciones inmediatas a problemas complejos. Este escenario invita a reflexionar y estar atentos sobre la calidad del debate democrático que tendremos y por sobre todo la calidad de las políticas públicas que se nos presentarán en la campaña presidencial y en la discusión de la elección parlamentaria.  

El presente texto corresponde a una sección del Informe de Coyuntura Política N° 35 - abril de 2025


[1] UDD (2023). El Chile Sumergido: La voz silenciosa de los 5 millones fuera de las urnas.

[2] CEP (2023). Quién vota en Chile: primeros análisis después del voto obligatorio.

[3] Lau et al (2001). Advantages and Disadvantages of Cognitive Heuristics in Political Decision Making.

[4] Lau et al. (2018). Measuring voter decision strategies in political behavior and public opinion research.

[5] Arriagada (2021). Participación desigual, representación desigual: ¿cómo afecta la pobreza a la participación electoral en sistemas con voto voluntario? Los casos de Chile y Colombia.

[6] Labbé y Leibe (2025). Desigualdades en la participación política en el proceso constituyente chileno.

[7] CEP (2023). Quién vota en Chile: primeros análisis después del voto obligatorio.

[8] UDD (2023). El Chile Sumergido: La voz silenciosa de los 5 millones fuera de las urnas.