El mantra de los debates tributarios, "eso lo hacen en la OCDE", se repite tambiĆ©n respecto del financiamiento de ayudas sociales, como si dichos paĆses no enfrentaran lĆmites presupuestarios. Pues bien, el informe Restoring Public Finances (OCDE, 2026) refleja que la deuda pĆŗblica promedio OCDE ronda el 110% del PIB; que el servicio de esa deuda consumió el 3,3% del PIB en 2025, superando lo que muchos paĆses gastan en educación o en infraestructura; y que 21 de 33 de los gobiernos verĆ”n daƱados sus balances fiscales bajo estas polĆticas actuales.
Lo interesante no es el diagnóstico, sino la respuesta. El 89% de estos paĆses estĆ” reformando gastos de salud, pensiones o bienestar social. Estos ajustes no los introducen porque dichos gastos no sean importantes, sino porque estas partidas representan casi el 50% del gasto pĆŗblico, por lo que no se alcanzarĆa la consolidación fiscal sin afectarlos.
ĀæQuĆ© hacen hoy los paĆses con los cuales nos comparamos? Entre las medidas que merecen destacarse estĆ”n las siguientes. Austria obliga legalmente al gobierno a implementar medidas correctivas si el gasto en pensiones supera un umbral predefinido; Dinamarca, lĆder de rankings de felicidad y estado de bienestar, reemplazó subsidios de desempleo por un sistema unificado de tres niveles estandarizados y eliminó esquemas de apoyo empresarial obsoletos; Japón estĆ” implementando criterios mĆ”s estrictos de cobertura farmacĆ©utica y mayores copagos cuando existen alternativas mĆ”s baratas; Corea del Sur exige a quienes solicitan beneficios de desempleo de forma reiterada que reporten su bĆŗsqueda de trabajo cada dos semanas; PaĆses Bajos estĆ” eliminando sistemĆ”ticamente cerca de 200 exenciones tributarias ineficaces, mientras centraliza las funciones administrativas de sus ministerios; Finlandia indexarĆ” copagos de salud pĆŗblica al crecimiento de los salarios desde 2027, para que el sistema no se descapitalice; Suecia, por su parte, no compensa Ćntegramente a sus agencias pĆŗblicas por los aumentos anuales de precios y salarios, obligĆ”ndolas a absorber esa diferencia con ganancias de eficiencia.
En Chile, en tanto, proponer que una prestación tenga condiciones āes decir, que quien la recibe deba demostrar que la necesita o que estĆ” haciendo algo por superarlaā equivale, para algunos sectores, a una declaración de guerra contra los mĆ”s vulnerables, y su sola mención desata un debate de proporciones.
El mismo mecanismo que Corea del Sur aplica sin mayor drama a sus beneficiarios de desempleo, o que la RepĆŗblica Checa usa para fusionar cuatro subsidios distintos en uno mĆ”s eficiente es el simple reflejo de que dichos paĆses buscan racionalizar sus sistemas de bienestar justamente para hacerlos sostenibles en el tiempo. Con estas medidas correctivas no se puede concluir que la OCDE estĆ© desmantelando su estado de bienestar, sino mĆ”s bien que son pragmĆ”ticos a la hora de reconocer que la sostenibilidad fiscal no es el enemigo de los programas sociales, sino que su condición de existencia.
Columna de Macarena GarcĆa, Economista Senior, publicada en La Tercera.-