Enero de 2024: El gobierno anuncia que el déficit estructural sería de 1,9% del PIB. El resultado real fue de -3,3% del PIB. Enero 2025: el gobierno anuncia una meta -1,1%, pero la estimación va en -2,2% del PIB y subiendo.
Claramente los resultados fiscales de este gobierno no son para enmarcarlos. No ha hecho esfuerzos reales por cumplir las metas que se autoimpuso. Y ahora, en vez de asumir su responsabilidad en materia fiscal, apunta al Congreso por no aprobar leyes que podrían ayudar a contener el gasto. Suena a gastarse la plata antes de ganar la lotería.
El problema es que gastar lo que no tenemos pasó a ser la norma. Desde 2008 en adelante, salvo 2015 y 2022, el país ha gastado más de lo que produce y la deuda pública se ha cuadruplicado en pocos años. Es evidente que esta situación debe cambiar. ¿Ayuda el Presupuesto 2026 a retomar la disciplina fiscal? Poco.
Primero, el gasto vuelve a subir, especialmente en áreas que no son esenciales para los actuales problemas del país (por ejemplo, Cultura) y en ministerios que, siendo necesarios, tienen graves problemas de eficiencia, como Salud. En cambio, aquellas que pueden impulsar el crecimiento potencial del país —y con ello incrementar los ingresos de forma permanente— como Obras Públicas, es el que más cae. Es cierto que el MOP tiene problemas de ejecución, pero ¿no requieren mejoras los caminos, embalses, aeropuertos y carreteras del país?
El resto está en la letra chica. El presupuesto se construyó bajo el supuesto de contención de gasto y, en ese sentido, no se reajustarían los sueldos del sector público. Buena noticia, pero ¿es creíble? Si el gobierno cambia de opinión y se abre a un reajuste, aumentará el gasto y el déficit. Por otro lado, los ingresos se proyectaron con una mayor recaudación de la Ley de Cumplimiento Tributario, ¿habrá la Dipres esta vez estimado correctamente, considerando que en reformas tributarias pasadas se ha recaudado mucho menos de lo proyectado? Si falla, disminuirán los ingresos y crecerá el déficit.
La disciplina fiscal dejó de ser una prioridad país. Pese a que hemos creado una serie de instituciones (CFA, Ley de Responsabilidad Fiscal, fondos de reserva, entre otros) a la hora de los quiubos, gastamos de más. Parece un problema de macroeconomistas, pero luego afectará a la señora Juanita. Cuando no haya más fondos a los que recurrir —en 2019 el FEES tenía más de US$12 mil millones y hoy, menos de US$4 mil— solo quedará seguir subiendo impuestos o reducir radicalmente el gasto. Lo primero deprimirá la economía a largo plazo; no parece el mejor camino a seguir.
Si no ponemos las cuentas fiscales en orden ya, no será suficiente con recortar los programas mal evaluados o los aportes a TVN, tendremos que ir por los cheques grandes, como la PGU. Afírmese señora Juanita.
Columna de Pablo Eguiguren, Director de Políticas Públicas, publicada en La Segunda.-