Pese a los deseos del Presidente de la República y de su abanderada presidencial, Jeannette Jara, el oficialismo no enfrentará la elección parlamentaria con una lista única. El descuelgue de la Federación Regionalista Verde Social y de Acción Humanista, impulsado por dos caudillos como Jaime Mulet y Tomás Hirsch, sepultó la posibilidad de que el gobierno tomara ventaja inicial sobre la oposición, no por los votos, sino por la ingeniería electoral.
El mejor escenario para La Moneda era competir en una lista única y capitalizar el supuesto “costo de la división” de la oposición, que irá en dos listas. La lógica es simple: en distritos y regiones que asignan un número impar de escaños, el último cupo definido por la cifra repartidora D’Hont tiende a beneficiar a la lista que concentra más votación, usualmente la unitaria. Pero aquello no sucederá.
La izquierda competirá en tres listas (las dos oficialistas más la lista del Partido Igualdad y el Partido Humanista que no siguió a Hirsch) y la oposición en dos listas. Por ende, el premio a la unidad y el castigo a la dispersión tenderán a neutralizarse.
Si hubiera que ponerle rostro y coordenadas al despropósito oficialista de hipotecar la opción de una lista única, ese sería la elección senatorial en la Quinta Región, con el exalcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, como candidato al Senado en la lista de los “descolgados” del Frente Regionalista y Acción Humanista. En esa región, la oposición podría capitalizar la falta de unidad oficialista, abriéndose la posibilidad de romper la correlación actual de escaños 3-2 a favor del oficialismo.
En la vereda opositora, en cambio, como pocas veces, fueron múltiples las voces que intervinieron en el debate público a raíz de la inscripción de candidaturas parlamentarias. Empresarios, líderes de opinión, exdirigentes del sector y diversos informes —que proyectaban mecánicamente resultados de elecciones recientes— advirtieron sobre la “farra” que implicaba dividirse en dos listas: (i) Republicanos, Socialcristianos y Nacional Libertarios, y (ii) Chile Vamos junto a Demócratas.
Conviene, sin embargo, poner las cosas en su justa dimensión. Primero, las simulaciones son una referencia válida, pero parten de una premisa siempre problemática: extrapolan resultados de un momento político distinto al de la elección real. En ese sentido, todos estos resultados tienden a subestimar el peso electoral de la lista compuesta por Republicanos, Socialcristianos y Nacional Libertarios.
La explicación es sencilla: buena parte de esos insumos se basan en la elección de concejales de octubre de 2024, cuando José Antonio Kast no tenía la fuerza presidencial que hoy ostenta, y su partido presentó candidatos a alcalde solo en 59 de las 345 comunas y —como sabemos— son los candidatos a alcalde quienes, en general, apalancan votación a la lista de concejales. Esta vez, en cambio, los Republicanos competirán en todos los distritos, con Kast como amplio favorito en la carrera presidencial.
Un segundo factor es la amplitud del ancho de banda electoral del arco político opositor. Tras el plebiscito constitucional de 2022, fuerzas como Demócratas y Amarillos confluyeron con la oposición, de hecho, los primeros ya sellaron un pacto parlamentario con Chile Vamos. Así las cosas, forzar una lista única de toda la oposición también suponía un riesgo: diluir identidades políticas complementarias y obligar a electores, especialmente en distritos pequeños, a votar por candidaturas muy distantes de sus respectivas culturas políticas. No es trivial, por ejemplo, para un elector cercano al Partido Demócrata respaldar a un postulante al Congreso del Partido Republicano, y viceversa.
Para la oposición, dos listas no son per se sinónimo de fracaso. De hecho, en el segundo proceso constitucional, con un mapa electoral idéntico al del Senado, la derecha compitió en dos listas y, con un 56% de los votos —35% Republicanos y 21% Chile Vamos—, logró el 66% de los escaños. En ese entonces, la izquierda también fue dividida en dos listas. Es cierto que la elección de noviembre presenta un escenario distinto: en la Cámara existen 28 distritos, no 16 como en el Senado, y el peso relativo entre las listas de izquierda varía, pero esa elección sigue siendo un antecedente importante a considerar.
Sin ir más lejos, más que la unidad o la división, en la actualidad el riesgo más latente para la oposición integrada por Republicanos y Chile Vamos tiene otro nombre: la lista parlamentaria de Franco Parisi que llevará el Partido de la Gente.
Con todo, la ingeniería electoral ayuda, pero tampoco produce milagros: no convierte derrotas amplias en victorias holgadas. El clima político apunta con fuerza a un cambio, con los Republicanos como fuerza eje de esa tendencia. Y, dadas las expectativas y el momento electoral del oficialismo, paradójicamente, quien más podría resentir la falta de unidad no es la oposición, sino el propio oficialismo.
Columna de Jorge Ramírez, Investigador del Programa Político, publicada en Ex-Ante.-