Jeannette Jara es plenamente consciente del pasivo que supone ser militante del Partido Comunista de Chile, condición que la situó en altos cargos de la administración del Estado, entre ellos, el de ministra del Trabajo, y que la habilitó para disputar la elección primaria en la que se impuso con el 60 % de los votos.
Pero, dada su condición de ganadora y abanderada única del oficialismo, su militancia ha pasado a ser un estigma: una pesada carga histórica, ideológica y simbólica que parece estar plenamente dispuesta a maquillar y disimular con tal de alcanzar un objetivo superior: ganar la presidencia de la República.
De ahĆ los conceptos de āresetearā el programa, sus llamativas y oportunas diferencias pĆŗblicas con el presidente de su colectividad, Lautaro Carmona āpese a que la doctrina del centralismo democrĆ”tico, caracterĆstica del PC, versaba que las diferencias se procesan hacia adentro para luego transmitir una voz Ćŗnicaā, y el reciente alejamiento del encargado del programa económico de la candidata, Fernando Carmona.
Con estos movimientos, Jara hace gala de una de las estratagemas esenciales para la acción polĆtica del PCCh: flexibilidad en la tĆ”ctica, pero rigidez en sus principios.
Porque las ideas que el economista Fernando Carmona plasmó en el programa de siete planas de Jeannette Jara, tales como: el salario vital de 750 mil pesos en un contexto de emergencia laboral con mĆ”s de 900 mil personas sin empleo, la gran mayorĆa de ellas, mujeres; el crecimiento sostenido de la demanda interna, experimento que otrora fracasó en Chile y tambiĆ©n en otras latitudes como Argentina; el impuesto a los āsĆŗper ricosā, que mĆ”s allĆ” de ser un buen eslogan de campaƱa no logra recaudar mĆ”s, pero sĆ espanta todo Ć”nimo de gran inversión; la negociación colectiva ramal, que amplificarĆ” la conflictividad laboral; y el fin de las AFP como norte polĆtico para consagrar un modelo de administración estatal de los fondos previsionales, constituyen un verdadero cóctel molotov para la inversión y la economĆa domĆ©stica, y permanecerĆ”n en el programa de Jara.
Peleas mÔs o peleas menos con Lautaro Carmona, también sobrevivirÔn a la remoción de su hijo, el economista Fernando Carmona, y resistirÔn a la puesta en escena de blanqueo del programa que los economistas del Socialismo DemocrÔtico próximamente intentarÔn montar.
Y es que la ideologĆa comunista no es fĆ”cil de maquillar. El PCCh es una tienda que, a diferencia del eurocomunismo, ha mostrado un grado mayor de lealtad a los principios de la corriente marxista-leninista, con la contradicción capital-trabajo y la lucha de clases como nĆŗcleo central de su inspiración filosófica y leitmotiv de su acción polĆtica.
Es tan inflexible el compromiso ideológico que los ha llevado a respaldar, en el pasado, a regĆmenes totalitarios como los de la RepĆŗblica DemocrĆ”tica Alemana, la Unión SoviĆ©tica, Cuba y otros paĆses del bloque socialista; y, en la actualidad, los lleva a continuar validando regĆmenes autoritarios en diversas latitudes, como los de Corea del Norte, Nicaragua y Venezuela.
Por mĆ”s que Jara intente edulcorar su militancia con gestos de cercanĆa, sonrisas cĆ”lidas o un discurso de amor, hay lĆmites que la cosmĆ©tica no puede traspasar. La ideologĆa que sostiene al Partido Comunista āy que Jeannette Jara no ha repudiadoā no es una doctrina del diĆ”logo, ni de la paz, ni de la diversidad, sino un proyecto totalizante, que se nutre del conflicto, divide a la sociedad en bandos irreconciliables y ha justificado históricamente la violencia como herramienta legĆtima para someter, imponer y disciplinar conciencias.
NingĆŗn maquillaje logra borrar el rostro verdadero de una ideologĆa que hace del conflicto su Ć©tica y del poder su vĆa para la revolución.
Columna de Jorge RamĆrez, Investigador del Programa PolĆtico, publicada en Ex-Ante.-