La carrera presidencial en la oposición (y los obstáculos que se avizoran)

Ex-Ante

En toda carrera extensa y compleja, como es una competición presidencial, los candidatos deben trazar una estrategia, con el objeto de llegar a la meta. El primer dilema es siempre el mismo ¿qué es mejor? Una opción es enfrentar la carrera desde atrás, con componentes gregarios, compañeros que facilitan el avance quizás más lento, pero sostenido a lo largo del trayecto porque protegen al líder, distraen a los adversarios y obstaculizan el avance del equipo rival. Otra opción, es dirigir de forma temprana un escape al pelotón, mirando la carrera, la mayor parte del tiempo, hacia atrás.

Lo que marca el paso entre el primer y el segundo diseño, es un concepto clave: el ataque. Por atacar la carrera, se entiende a la decisión de un competidor de ir por la punta, rompiendo filas desde el pelotón, marcando un punto de inflexión en toda competición de velocidad y resistencia, las dos variables claves de cualquier carrera.

Los especialistas en maratones y ciclismo de ruta, señalan que la decisión de un buen ataque debe siempre ponderar los siguientes factores. ¿Qué tan fuerte estoy? ¿Cuál es mi fondo? ¿Qué tan fuerte vienen los demás competidores? Y ¿cuáles son las condiciones de término de la carrera?

Desde la grilla de largada, las circunstancias políticas, claramente han establecido que sea el oficialismo el grupo que enfrenta la carrera presidencial desde atrás. La desventaja es que, sus competidores deben hacer el esfuerzo permanente de correr sin condición de favoritismo y con la presión de que cada semana en que no se produzca un acortamiento de brechas, la opción de prospectar la permanencia en La Moneda, disminuye. Se trata, en definitiva, de una carrera “a contra reloj”, donde el transcurso del tiempo pasa a ser tu mayor adversario.

Durante esta semana Evelyn Matthei activó un ataque, poniendo sobre la mesa la controversial temática de la reposición de la pena de muerta en Chile. Una jugada que probablemente se sitúa en el esquema 80/20: posicionarse siempre en la opinión pública en temas donde 8 de cada 10 ciudadanos es favorable a tu definición.

Aunque, se trata de una apuesta no exenta de riesgos, principalmente porque, al menos en las carreras de esta naturaleza, la probabilidad de éxito de un ataque temprano es casi siempre más baja que la de un ataque en el sprint final del trayecto. Sin considerar que, es una definición que también puede generar divisiones al interior de la derecha, al tratarse de un tema de un alcance extremadamente profundo desde el punto de vista valórico.

Un primer componente de complejidad en la ruta presidencial opositora es la falta de componentes gregarios en ruta. Las candidaturas competitivas de cara a la primera vuelta son tres: Matthei, que aún se encuentra a una importante distancia de fuga, Kaiser, que ha desempeñado el rol del corredor sorpresa, un “tapado” en el sentido de que, sin grandes expectativas pero con condiciones muy favorables de pista (seguridad e inmigración como telón de fondo de la carrera) se ha logrado enfilar en ruta con interesantes números, y un Kast que pelea por sus chances de no salir del pelotón de corredores competitivos, viéndose sobrepasado por Kaiser y con la necesidad de mostrar que aún tiene fondo para enfrentar las fases realmente decisivas de esta complejo trazado camino a La Moneda.

Todos los candidatos opositores trabajan para sí mismos, cuestión que es natural, pero tampoco parecen mostrarse mayormente conscientes de que cada uno por sí solo, difícilmente logre llegar a la meta como ganador.

Un segundo factor de riesgo, más evidente aún, es la posibilidad de que la carrera presidencial se “enfríe” en el pelotón opositor, al no realizar elecciones primarias. Quien lidera la carrera, siempre impone el ritmo de velocidad y hasta el momento los competidores opositores han fijado el pulso de la contienda, pero la realización de primarias en el oficialismo y la eventual ausencia de éstas en la oposición cambiar la lógica de la competición.

Durante dos meses, todo el foco mediático estará puesto en esas primarias, con franja televisiva, debates presidenciales en cadena nacional y un natural reimpulso a la candidatura que logre imponerse en los comicios para seleccionar al candidato único del gobierno que se celebrarán el próximo 29 de junio.

La carrera presidencial en la oposición aún transcurre con viento a favor, pero no está exenta de obstáculos. La oposición no corre sola contra el oficialismo, corre también contra sí misma. Sin gregarios, sin una estrategia común y con ataques dispersos, el riesgo no es solo perder la punta, sino perder el rumbo. Y en política, pocas cosas son más peligrosas que correr sin saber hacia dónde se quiere llegar.

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