La propuesta de reforma de pensiones contiene un mecanismo de transferencia intergeneracional, ya que al considerar la propuesta 3 y 3, hay 3 puntos de la cotizaciĂłn adicional que irĂan al ahorro individual y los restantes, a un fondo comĂşn que se usarĂa para subir las pensiones actuales. Tal aumento se realizarĂa hasta un valor tope de la pensiĂłn, a partir del cual ya no tendrĂa aporte fiscal. Este esquema se soporta en el supuesto de que, en el futuro, los actuales cotizantes, trabajadores activos, tendrĂan una nueva generaciĂłn de chilenos que realizarĂa similar aporte para los jubilados del futuro.
Lamentablemente, este esquema de reparto tiene un problema y ello tiene que ver con la evoluciĂłn de la demografĂa, ya que las cifras de cuántos trabajadores activos hay por jubilado están cambiando drásticamente y lo seguirán haciendo en las dĂ©cadas que están por venir.
De acuerdo con los datos demográficos del INE, en el año 2000 habĂa 8,2 trabajadores hombres por cada pensionado, lo que se reducirĂa a 4 en 2030, mientras que en 2050 habrĂa 2,4 trabajadores por jubilado.
En el caso de las mujeres, con menor edad legal de jubilaciĂłn y mayor esperanza de vida, hay una evoluciĂłn similar, pero con cifras aĂşn más aterradoras. En efecto, en 2000 habĂa 4 trabajadoras por cada jubilada, en 2030 habrán 2,1 y en 2050 será solo 1,4 trabajadora.
A esta caĂda vertiginosa de la cantidad de trabajadores por cada jubilado se agrega la informalidad previsional, que en la actualidad llega al 30% de los ocupados, como lo revelĂł el estudio del Consejo Consultivo Previsional, donde se precisa que 2,7 millones de trabajadores no son contribuyentes de la seguridad social, pero que, sin duda, solicitarán una pensiĂłn al Estado una vez que lleguen a la edad de jubilar.
De esta manera, el fondo común que propone el Gobierno no será suficiente para complementar o financiar las pensiones de los jubilados del futuro, debido a que existirán, proporcionalmente, cada vez menos aportantes; y, en segundo lugar, porque la informalidad laboral seguirá creciendo.
Es sustancialmente difĂcil cambiar la trayectoria de ese fenĂłmeno y, si bien estamos lejos de lo observado en PerĂş, donde hay una informalidad previsional del 75% de los ocupados, la cifra chilena seguirá creciendo.
La cruel demografĂa ya les ha pasado la cuenta a los sistemas de pensiones de reparto aĂşn existentes y se ha traducido en pensiones más bajas, elevaciĂłn de la edad de jubilaciĂłn y creciente aporte fiscal para financiar un sistema en quiebra.
De hecho, la creación de la Caja del Seguro Obrero o Caja de Seguro Obligatorio en 1924, inicia con una cotización de 20%, lo que posiblemente financiaba las jubilaciones en un Chile con una expectativa de vida muy inferior a la actual. Como la cruel democracia comenzó a modificar las proporciones, ya en el Gobierno del Presidente Alessandri se emitió el primer informe sobre el precario estado financiero de las cajas de previsión, debiéndose esperar hasta fines de los '70 para que se diseñase un sistema de capitalización que resolviese el sistema.
Ahora estamos a punto de tropezar con la misma piedra, al insistir con un sistema de reparto.
Columna de Tomás Flores, Economista Senior, publicada en el Diario Financiero.-