TranscurrĂa enero de 2015 cuando el Congreso Nacional aprobĂł el reemplazo del sistema electoral binominal por uno de carĂĄcter proporcional. Las fuerzas polĂticas oficialistas de ese entonces, lideradas por la expresidenta Michelle Bachelet y su ministro del Interior, Rodrigo PeĂąailillo, celebraron el hito como un acontecimiento histĂłrico.
El mensaje presidencial planteaba como una de sus ideas matrices 'darle a nuestro Congreso Nacional toda la fortaleza y prestancia que se merece', a la par de que auguraba que con este nuevo sistema electoral, 'seguirĂĄn existiendo incentivos para que los partidos polĂticos se agrupen en grandes conglomerados y no se producirĂĄ una fragmentaciĂłn excesiva en la representaciĂłn polĂtica'.
Transcurridas ya dos elecciones parlamentarias aplicando el nuevo sistema electoral proporcional, vale la pena intentar dibujar un balance de este.
En primer lugar, contrario a las promesas contenidas en el mensaje que dio origen a la reforma electoral, el nuevo sistema proporcional produjo un aumento en la fragmentaciĂłn del Congreso, en particular, de la CĂĄmara de Diputados. Sin ir mĂĄs lejos, en las siete elecciones de diputados, entre 1989 y 2013, el promedio de partidos polĂticos que accediĂł a representaciĂłn parlamentaria en la CĂĄmara fue de 7,2, mientras que el promedio de las Ăşltimas dos elecciones en que se ha empleado el nuevo sistema electoral proporcional ha sido de 18,5 partidos, con un peak de 21 partidos polĂticos con representaciĂłn en la CĂĄmara a partir de la elecciĂłn de diputados de 2021. Las cifras son elocuentes y, si bien el multipartidismo no es ajeno a nuestra democracia, lo cierto es que el sistema electoral proporcional no introdujo los incentivos adecuados para la conformaciĂłn de coaliciones que aseguren patrones de gobernanza a la altura de una democracia con demandas ciudadanas cada vez mĂĄs complejas de procesar.
En segundo tĂŠrmino, tras la implementaciĂłn del nuevo sistema electoral, Âżse ha revalorizado el Congreso desde el punto de vista de su legitimidad ciudadana como espacio de representaciĂłn polĂtica? La respuesta es negativa, de acuerdo con los datos de la encuesta del Centro de Estudios PĂşblicos, para julio de 2014 la confianza en el Congreso era de un 12%, pero en la mediciĂłn de abril y mayo de 2022 la confianza fue de 8%, pasando por perĂodos en que incluso esta ha sido de 3%, como en agosto de 2021.
En el terreno mĂĄs cualitativo, existe un consenso relativamente transversal de que la calidad de la polĂtica parlamentaria incluso ha empeorado. Las pulsiones populistas, la demagogia, la falta de disciplina partidaria y el foco de la resoluciĂłn legislativa en 'minorĂas dirimentes' que ejercen un rol pivotal en una y otra direcciĂłn polĂtica, por un mero acto transaccional, son males que han deteriorado en exceso la funciĂłn parlamentaria. Si bien el sistema electoral no es el Ăşnico factor decisivo en esta operaciĂłn, evidentemente cumple un rol.
Seguramente, los detractores de esta visiĂłn intentarĂĄn plantear un falso dilema entre la valoraciĂłn negativa hacia el sistema electoral proporcional y una supuesta apologĂa al antiguo sistema electoral binominal. Esta visiĂłn desconoce que no existe nada parecido a un sistema electoral perfecto: toda fĂłrmula electoral debe intentar ponderar un delicado equilibrio entre representaciĂłn y eficacia gubernamental. Si bien el sistema binominal ofreciĂł estabilidad y gobernabilidad al paĂs, tambiĂŠn dificultĂł la representaciĂłn fidedigna de todas las tendencias y corrientes polĂticas presentes en nuestra sociedad.
ÂżPor dĂłnde podrĂa pasar un tratamiento eficaz para la grave enfermedad de nuestro rĂŠgimen polĂtico? La respuesta se encuentra en un sistema electoral mixto, que contemple incentivos mayoritarios para la conformaciĂłn de grandes mayorĂas que otorguen gobernabilidad al paĂs a travĂŠs de la elecciĂłn de un 70% del Parlamento en distritos uninominales. Este mecanismo permitirĂa una fĂĄcil identificabilidad electoral, un fortalecimiento del vĂnculo elector representante, fĂĄcil comprensiĂłn ciudadana y una mejora sustantiva en los niveles de rendiciĂłn de cuentas. Paralelamente, sin desconocer nuestra vasta tradiciĂłn multipartidista, serĂa prudente que el restante 30% de los parlamentarios se eligiera a travĂŠs de un sistema proporcional, a efectos de equilibrar la ecuaciĂłn gobernabilidad / representatividad, pero con un umbral de acceso al escaĂąo de un 3% del total de la votaciĂłn a nivel nacional, para evitar asĂ la fragmentaciĂłn. En distintas versiones, los sistemas electorales mixtos son usados en democracias robustas, como Alemania y Nueva Zelandia, por mencionar algunas.
Frente a un diagnĂłstico relativamente compartido de los problemas de nuestra democracia, lo importante es aplicar un tratamiento adecuado.
CristiĂĄn Larroulet, Consejero LyD y Jorge RamĂrez, Investigador del Programa PolĂtico y Sociedad Civil, columna publicada en El Mercurio.-