Es posible que nunca tengamos una respuesta clara sobre cómo Chile, uno de los paĆses que mĆ”s creció en el mundo en las Ćŗltimas dĆ©cadas, terminó cuestionĆ”ndose los pilares que lo llevaron a ese impresionante salto de modernidad que permitió sacar a millones de chilenos de la pobreza y que entregó las herramientas para que cada uno desarrollara sus propios proyectos de vida.
Sin embargo, uno de los factores que probablemente influyó ha sido la incapacidad del sistema polĆtico para ponerse de acuerdo y avanzar en leyes relevantes para la ciudadanĆa. Ese inmovilismo provocó frustración y desconfianza en las instituciones. Sentimientos entendibles, ya que incluso en aquellas Ć”reas que apelan al sentido comĆŗn y donde existe consenso tĆ©cnico -las mujeres no deben costear solas el costo de la sala cuna, el porcentaje de ahorro que destinamos a previsión es insuficiente, debemos terminar con el laberinto regulatorio para invertir, entre muchas otras-, no fue posible avanzar.
En ese contexto, la reciente sentencia de la Corte Suprema sobre las Isapres es un triste ejemplo de manual. Tras dos comisiones presidenciales y ante la imposibilidad de que el Ejecutivo y el Congreso definan un buen sistema de seguros que permita financiar oportunamente los problemas de salud de la población, ha sido el Poder Judicial el que ha ido delineando la polĆtica pĆŗblica. Y pese a la escasa regulación que se ha logrado acordar, el problema de cómo establecer precios sigue sin resolverse.
Eso lo sufren hoy mÔs de tres millones de afiliados que tienen la incertidumbre de saber si su Isapre continuarÔ operando, pero también otros 1,7 millones de chilenos que pacientemente esperan por la atención de un especialista y 300 mil que esperan por una intervención quirúrgica en un sistema público incapaz de entregar un servicio oportuno.
Tanto en salud, como en las demĆ”s Ć”reas mencionadas hubo comisiones presidenciales, propuestas y proyectos de ley que no lograron avanzar en el Congreso. Lo sufrieron tanto PiƱera como Bachelet. Mientras el tiempo pasaba, los capitales han encontrado otros paĆses para invertir y crear empleos, y nuestro ingreso per cĆ”pita prĆ”cticamente dejó de crecer. En los Ćŗltimos 10 aƱos el PIB per cĆ”pita de Chile creció 10% versus el 17% del resto del mundo.
La buena noticia es que esta situación no siempre fue asĆ. En la dĆ©cada de los 2000 hubo consensos para establecer polĆticas como el plan AUGE o el pilar solidario del sistema de pensiones. En esos aƱos Chile iba mucho mĆ”s rĆ”pido que el resto: el PIB per cĆ”pita creció un 31% y el del mundo un 20%. En la Ć©poca de los acuerdos de los 90 esa diferencia fue aĆŗn mayor en favor de nuestro paĆs, 52% versus 11%.
Hoy un conjunto de fuerzas polĆticas y sociales -desde sectores del PPD hasta la derecha- se han reunido en torno al Rechazo al texto constitucional propuesto por la Convención Constituyente. Si se cumplen los pronósticos de las encuestas, y una vez que se despeje cómo continuarĆ” la discusión constitucional, el desafĆo es lograr que esa transversalidad se mantenga unida en torno a un paquete de polĆticas pĆŗblicas que deje atrĆ”s los eslóganes de redes sociales y revalore el conocimiento experto para solucionar problemas sociales.
Daron Acemoglu y James Robinson explican que la libertad ha sido un 'pasillo estrecho' en donde las instituciones que nos permiten prosperar económica y socialmente y nos protegen del totalitarismo. Chile tuvo enorme éxito durante los 30 años que encontró ese camino, es hora de volver a recorrerlo.
Pablo Eguiguren, Director de PolĆticas PĆŗblicas , columna publicada en El Diario Financiero.-