NECESARIA AUTONOMÍA

Las críticas y descalificaciones que algunos han formulado estos últimos días al Banco Central, a propósito del alza de la tasa de interés de política monetaria y las proyecciones económicas dadas a conocer en su último IPoM, hacen necesario relevar la importancia de su autonomía y funciones, especialmente teniendo en cuenta el debate constitucional en el que se encuentra inmerso nuestro país.

Conforme indica la Constitución, el Banco Central es un organismo autónomo, con patrimonio propio, de carácter técnico, cuya composición, organización, funciones y atribuciones se encuentran determinadas en una ley orgánica constitucional (LOC). Asimismo, éste sólo puede efectuar operaciones con instituciones financieras, sean públicas o privadas y ningún gasto público o préstamo podrá financiarse con créditos directos o indirectos de este organismo. La LOC, por su parte, contempla una serie de normas que vienen a concretar dicha autonomía y define como objeto del Banco, el velar por la estabilidad de la moneda y el normal funcionamiento de los pagos internos y externos, para lo cual detenta determinadas atribuciones.

Esta autonomía e institucionalidad del Banco Central, que obedece a razones históricas, ha sido uno de los pilares del desarrollo económico y social de Chile. Según señala un estudio de Libertad y Desarrollo, con datos de EH ClioLab del Instituto de Economía de la UC, del FMI y del mismo Banco Central, desde su creación en 1925 hasta su autonomía en 1989, período en que podía otorgar créditos a instituciones públicas, la inflación promedio anual fue de un 45%. Luego de la dictación de la LOC en 1989, momento en que la inflación rondaba el 20% anual, ésta entró en una senda decreciente hasta ubicarse en torno a un 3% hacia fines de los noventa, para estabilizarse en torno a dicho guarismo hasta la actualidad. Lo que en el contexto actual hace el Banco Central, al subir la tasa de interés, es precisamente cumplir su cometido y velar por el control de la inflación, que implica un alza del nivel general de precios y la pérdida del poder adquisitivo del dinero, incluyendo los salarios. 

Por último, y si bien hay un cierto consenso transversal respecto a que la autonomía del Banco Central ha sido un elemento fundamental del éxito del manejo de la política monetaria y del control de la inflación, al tiempo que varios constituyentes se han manifestado a favor de consagrarla en la nueva Constitución, si ello no va acompañado de mecanismos legales que tiendan a protegerla, ésta se pone en riesgo.  Por otra parte, si se modifican ciertos elementos o funciones del mismo, o se le incorporan nuevos objetos, como se ha querido hacer vía legislativa y como tal vez se pretenda hacer en la nueva Constitución, se corre el peligro de que éste no cumpla con mantener el control adecuado de la inflación. En definitiva, para que el Banco Central pueda cumplir adecuadamente con su cometido de estabilidad de precios, se requiere protegerlo de las presiones asociadas a los ciclos políticos.

Columna de Pilar Hazbun, Coordinadora del Programa Legislativo, publicada en La Tercera.-