Los procesos electorales recientes y su impacto económico

Dos procesos electorales con un gran potencial de impactar la economía chilena se han desarrollado en las últimas semanas. En el país, el plebiscito del 25 de octubre y su resultado han dado inicio a un prolongado período durante el cual se mantendrá la incertidumbre sobre las normas básicas que rigen nuestra sociedad.

La incertidumbre se amplifica, por una parte, porque no se conocen cuáles serán las propuestas concretas a debatir y; por la otra, al observar el grado de improvisación con que se han propuesto y aprobado reformas constitucionales en el último tiempo.

El Presidente Piñera asumió el 11 de marzo de 2018, luego de haber recibido un respaldo sustancial de la ciudadanía. Implícito estaba un mandato para acelerar el progreso. Como contrapunto, su contendor, al cual derrotó por amplio margen, proponía llevar adelante un proceso constituyente. Veinte meses después, en medio de un brote de violencia con características propias de terrorismo, se llega a un acuerdo político para plebiscitar un posible llamado a una comisión constituyente, propuesta que fue aprobada días atrás.

El tortuoso camino descrito, matizado por actos claramente antidemocráticos, sería por sí solo una razón para que las empresas y ciudadanos actuaran con gran cautela en materias económicas. La falta de información sobre qué persiguen realmente los impulsores de la llamada “Carta Blanca Constitucional” no hace más que agravar dicha situación.

Sin embargo, es posible encontrar una perspectiva positiva. Si se actúa en base a ella existe una luz de esperanza para despejar las incógnitas en forma constructiva.

El sentir profundo de quienes apoyaron originalmente al Presidente Piñera es el deseo de paz y progreso. Quienes le han hecho la vida imposible al gobierno y le impidieron cumplir su programa, luego de un trabajo político envidiable por su habilidad, convencieron a gran parte de la ciudadanía que para vivir mejor es necesario tener una Constitución completamente nueva.

Dos años atrás la Constitución no era prioritaria para la mayoría. Hoy los sondeos muestran apoyo al cambio, en la creencia de que, casi por arte de magia, una nueva Constitución les permitirá vivir mejor. El último gobierno de Bachelet, con su radicalización ideológica, detuvo el progreso. La consecuente frustración, para un pueblo acostumbrado al avance de las últimas décadas, no debe subestimarse.

Confiemos en que una parte importante de los actores políticos opte seriamente por perseguir ese objetivo: paz y progreso. Con ello, las discusiones tendrían más seriedad y se harían inviables las aventuras ideológicas y populistas. Así, quienes insistan en ellas expondrían a la ciudadanía sus verdaderas intenciones.

Es imposible exagerar la urgencia que tiene dar mayor certeza a los procesos políticos que vive el país, pero no es el único problema que enfrenta la economía.  La incertidumbre se suma a un largo período de estancamiento, que está en la raíz de las inquietudes de la población y se agrava por los efectos económicos de la pandemia y las medidas de confinamiento adoptadas para poder manejarla mejor.

EL IMACEC de septiembre pareció un alivio respecto a los meses anteriores, pero muestra una caída del 5,3%. Con ello el tercer trimestre habría caído un 9,1%, cifra impactante pero mejor que el descenso de 14,1% del trimestre anterior. Dado el bajo nivel de la actividad de fines del año pasado, causado por la violencia, podríamos esperar un cuarto trimestre positivo igual o mayor al dos por ciento. Con ello se cumplirían los pronósticos de un año contrayéndose “solamente” en un 5,2%.

El desempleo se mantuvo estable, en torno al 12% según el INE, pero los trabajadores suspendidos y la fuerza de trabajo desilusionada siguen presentes. Es muy posible que, sin un nuevo salto de dinamismo, esta realidad –con sus consecuencias para los más necesitados– se volverá endémica.

El comercio y la industria ante la recuperación del mundo y la salida de los confinamientos muestra importantes dinamismos, pero los servicios, especialmente los que requieren una menor distancia social –turismo, transporte, comida fuera del hogar, etc.– siguen deprimidos.

Es importante que los líderes políticos se percaten que los efectos negativos no han sido más críticos, gracias a la existencia de una posición fiscal sólida y un Banco Central que cuenta con credibilidad y acceso a mercados financieros sofisticados. Pero la deuda pública - luego de haber sido mínima hace pocos años - sobrepasará el 40% del PIB y el importante esfuerzo hecho por el Banco Central probablemente no pueda seguir multiplicándose. No es razonable contar solo con el esfuerzo continuado de ambas instituciones para el futuro. La tarea está también en las manos de los líderes políticos, que deberán actuar con seriedad, mesura y mayor responsabilidad.

Mientras Chile transita por su camino político y enfrenta las consecuencias de la pandemia, el mundo recorre su propia senda para contener el virus. China experimentó una fuerte caída el primer trimestre y ya parece haberse recuperado plenamente. Incluso en servicios y es así como el tráfico aéreo se acerca al 90% de lo que era al iniciarse el año. Chile como exportador, se beneficia de ello. Europa y EE.UU. han tenido una rápida recuperación en el trimestre julio-septiembre. Este último país sorprendió el trimestre pasado y su producto alcanzó un nivel inferior solo en un 3,5% al de precrisis. Pero la tarea hacia adelante se ve más compleja, por la reaparición de la circulación del virus en sus sociedades. Se puede prever que recién hacia el segundo semestre del próximo año este grave episodio habrá quedado atrás, y la actividad económica habrá vuelto a la normalidad. Las áreas que serán las últimas en recuperarse serán aquellos servicios en que mantener distancia social es más difícil. Las tres vacunas que ya están en la etapa final de las pruebas clínicas de fase 3, seguramente jugarán un rol relevante en esta evolución.

En el intertanto, las nuevas restricciones a la movilidad, especialmente en Europa, pesarán en la recuperación. Sin embargo, en ese continente la decisión de exceder los límites fiscales compensará parcialmente los efectos de las nuevas medidas de confinamiento.

Como ya dijimos, EE.UU. ha tenido una recuperación más rápida que la esperada, especialmente ante la ausencia de acuerdos políticos para mantener un impulso fiscal. Pero lo más relevante, por su importancia económica y política, fue la realización del proceso electoral para elegir Presidente, renovar el Congreso y parte de la Cámara de Senadores. El resultado de las urnas fue sorpresivo, ya que se pronosticaba en base la encuestas una “ola azul”, o sea una victoria demócrata apabullante. La realidad es que el balance de fuerzas es mucho más proporcionado, lo que facilita que el país siga siendo el centro de innovación que da dinamismo a la economía mundial.

Un mundo más dinámico ayuda a Chile, pero los principales problemas del país son de creación propia. Corresponde a los líderes del país, tomar nota que lo que quiere la ciudadanía es vivir mejor y actuar en consecuencia.

Columna de Hernán Büchi, Consejero de LyD, publicada en El Mercurio.-