Tal vez quien mejor y mĆ”s temprano comprendió la dimensión Ćŗnica de los sucesos en Francia fue Edmund Burke, polĆtico inglĆ©s, liberal clĆ”sico y considerado tambiĆ©n el primer conservador britĆ”nico. Con mucha anterioridad a la evolución mĆ”s sangrienta de la Ć©poca jacobina y del Terror, publicó sus "Reflexiones sobre la revolución en Francia", el cual, mĆ”s que un libro propiamente histórico, es el mĆ”s importante documento antirrevolucionario de la Ć©poca y una contribución a la teorĆa polĆtica clĆ”sica.
Burke intuyó la verdadera naturaleza del fenómeno revolucionario en Francia ("esa cosa extraƱa, sin nombre, salvaje, entusiasta que existe en el corazón de Europa") y denunció los excesos predecibles que traerĆa mĆ”s tarde, en la Ć©poca jacobina. Rehusaba caer, como tantos, bajo el hechizo revolucionario, a la espera de que Francia estableciera un esquema de libertad sólido y de seguridad legal de las vidas y propiedades de los franceses, de modo que cada ciudadano "pueda decentemente expresar sus sentimientos acerca de los asuntos pĆŗblicos sin peligro para su vida o seguridad". Su temor era que, en aras de ideales abstractos de libertad, igualdad y fraternidad, se sacrificaran las libertades concretas de los franceses. Llegó, incluso, a predecir que eventualmente todo terminarĆa en una guerra civil y una dictadura militar.
Para él, el contrato social no es algo que pueda dejarse sin efecto a gusto de las partes, pues es "una sociedad no solo entre los vivos, sino entre los vivos, los muertos y los que estÔn aún por nacer", y nadie debe sacrificar a la generación del presente, en aras de un bien eventual para la humanidad del futuro. Por eso, concluye, no son las asambleas constituyentes las llamadas a crear instituciones, pues los gobiernos son generados en el tiempo, por la historia y por la experiencia.
Su temor era que el mismo fanatismo servil que habĆa inspirado el poder arbitrario de los reyes podĆa albergarse en el "nuevo poder popular", porque "la mayorĆa ciudadana es capaz de ejercer la mĆ”s cruel opresión sobre la minorĆa", y la tiranĆa de la multitud es una tiranĆa multiplicada y su poder tambiĆ©n puede ser despótico.
CreĆa profundamente en la evolución y la reforma, y estimaba que "un Estado sin los medios para efectuar cambios carece de los medios para su propia conservación", pero que "en los progresos que introducimos no debemos ser nunca enteramente novedosos y en lo que mantenemos, nunca enteramente obsoletos". Ello, porque el progreso lento y sostenido, con prudencia y moderación, permite evaluar los logros para iluminar los próximos pasos y asĆ avanzar con seguridad para "compensar, reconciliar, equilibrar", pues "construir de la nada es como comenzar un negocio sin capital".