¿Sequía legislativa?

Conscientes de que la regulación permite resolver determinados problemas, pero que también trae aparejados ciertos costos, es que en diversos países de la OCDE los reguladores se preocupan, permanentemente, de dimensionar los beneficios y costos de la regulación, velando porque el marco normativo sea más eficiente para los ciudadanos. Así, por ejemplo, en algunas jurisdicciones la administración central solo puede proponer e implementar una determinada regulación una vez consideradas y agotadas otras alternativas extra regulatorias. En Chile, mientras tanto, buena parte de nuestros legisladores están preocupados de que no se estaría regulando lo suficiente, acusando al gobierno de sequía legislativa. Muy OCDE todo por estos lados.

Tal vez la crítica que formulan se explica porque estaban acostumbrados al frenesí legislativo de la administración anterior. No olvidemos que durante el gobierno pasado se aprobaron, en tiempo récord, sendas reformas cuyo carácter estructural y alta complejidad no sirvieron para desviar la estrategia oficialista, consistente en seguir cual mantra el programa de gobierno, aprovechar las mayorías parlamentarias disponibles y aprobar rápidamente cuanta reforma presentara. ¿Cuán evaluadas ex ante estaban esas iniciativas? ¿Cuán deferente debía ser el Ejecutivo con el debate y dialogo a sostenerse en el parlamento? Habían triunfado por amplia mayoría y contaban con los votos en el Congreso; juzgue usted si se habrán molestado mayormente en resolver tales preguntas.

Al poco andar, no obstante, la clase media percibió el vendaval y captó claramente cómo tales reformas golpearían los cimientos que, con esfuerzo y trabajo, habían construido y castigó duramente al entonces gobierno en las encuestas. Pero éste no cejó; enceguecido por el mantra (el programa), continuó enviando nuevas iniciativas al Congreso, igualmente estructurales, para concluir con la madre de todas las batallas, a pocos días de dejar el mandato: la reforma constitucional. Tal vez sea ese frenesí legislativo lo que tiene a los otrora parlamentarios oficialistas, hoy de oposición, incómodos, molestos, probablemente hasta nostálgicos de esos días de gestión legislativa cuantiosa, cuasi abrumadora ¡a tal punto que hoy pregonan que hay sequía! Pero lo cierto es que no hay sequía. Lo que hay es un nuevo gobierno que ha optado por una estrategia que privilegia el dialogo; que es deferente con la labor parlamentaria, retomando mociones en curso y haciéndolas suyas por la vía de indicaciones; y que avanza con mayor prudencia, en buena hora, en la construcción de aquellas reformas que deberá defender con coraje y con toda su convicción.

Columna de Natalia González, Subdirectora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-