Formalización de la informalidad

El 2017 fue un año donde el empleo, si bien no aumentó de manera significativa su tasa de desocupación, como podría pensarse dado el frenazo económico, sí empeoró en cuanto a calidad.

Y es que este frenazo económico llevó a que muchas personas, probablemente debido a la pérdida de su trabajo o al hecho que no había ofertas disponibles, tuvieran que ingeniárselas de una u otra forma para generar ingresos. Se multiplicaron los vendedores ambulantes y los artistas tanto en el Metro como en las calles y el trabajo como chofer de Uber comenzó a adquirir relevancia, por mencionar algunos ejemplos.

En términos estadísticos, ellos han sido capturados dentro de la clasificación de “empleos por cuenta propia”, motor importante del empleo durante el 2017. Más en específico: comparando el último trimestre del 2017 con el del año anterior se tuvo que los ocupados aumentaron un 2,3%, empujados principalmente por aquellos que trabajan por cuenta propia (4,1%) y un aumento de los asalariados totales de solo un 1,7%. Sin embargo, no había datos específicos que pudieran extraer la “informalidad”.

En este contexto el INE dio a conocer hace un par de semanas la tasa de desocupación informal, que corresponde al número de personas con ocupaciones informales como porcentaje del total de ocupados. Así, se considera “ocupación informal” a aquellos trabajadores que no reciben cotizaciones de salud o previsionales por parte del empleador, o quienes trabajan en unidades económicas sin registro en el SII y sin un sistema contable que permita separar los gastos del negocio, de los del hogar. Esta apertura arrojó una tasa de ocupación informal a nivel nacional de 30% durante el último trimestre móvil del 2017. Es decir, uno de cada tres ocupados realiza su trabajo en condiciones que no son óptimas, o dicho de otra forma, de los 8.406.528 ocupados en este período, poco más de 2.500.000 son “informales”.

Es de esperar que esta tasa comience a reducirse conforme se van materializando las mejores perspectivas económicas que actualmente se tienen para Chile, y que en un año más, cuando se puedan hacer comparaciones, observemos una caída en esta tasa.

 

Columna de Carolina Grünwald, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Pulso.-