Regalos de Navidad

Para chicos y grandes, los regalos son parte importante de la Navidad. No representan un mero intercambio de objetos, sino más bien un acto de generosidad que refleja que hemos pensado en lo que necesita el otro y un intento de cumplir con ese deseo en la medida de nuestras posibilidades. Las políticas públicas tienen algo de eso, pues deben buscar la forma de congeniar necesidades (que son múltiples) con posibilidades (habiendo recursos limitados). Por tanto, si en esta Navidad se nos permite pedir regalos de política pública, mi lista sería más o menos la siguiente.

Imposible no partir por los más vulnerables. Si bien Chile ha alcanzado un notable progreso socio económico, con una importante reducción de la pobreza en los últimos 30 años, hoy más de 2 millones de compatriotas aun siguen viviendo en condición de pobreza. A su vez, las familias viviendo en campamentos se han multiplicado, pasando de 29.693 en el 2014 a 40.541 en el 2017. Focalizar los recursos en quienes más lo necesitan y gestionar mejor los subsidios de manera de reducir el ingreso a campamentos y acelerar soluciones dignas para vivir, debiera estar sin duda entre los primeros regalos de este año.

Los niños vulnerados merecen también nuestra consideración especial. Hoy en Chile 170 mil niños son atendidos en el Sename, de los cuales aproximadamente 10 mil se encuentran bajo el cuidado residencial en condiciones que han sido muy cuestionadas. Un regalo para ellos sería la asignación de mayores recursos para entregarles una atención de calidad que trate realidades más complejas y trabaje también en las vulneraciones y adicciones.

La enfermedad es otro tema que debe ser incluido en este petitorio navideño. En nuestro país existen cerca de dos millones de chilenos que llevan esperando, en promedio, más de un año para una atención con un especialista o una intervención quirúrgica. Gestionar esta copiosa lista de espera adelantando las necesidades más urgentes de quienes están en ella, y mejorar la eficiencia de los prestadores públicos sin descartar el aporte que en esta materia podrían realizar los prestadores privados, sería el regalo preciso para asegurarles una atención oportuna y  también de calidad.

La educación no puede quedar fuera de este listado, ya que no hay regalo más importante que se pueda dar a los niños y jóvenes. Si bien durante los últimos años hemos avanzado en este ámbito, nuestros resultados educativos siguen siendo muy bajos en relación a los países desarrollados y se mantienen altas brechas por nivel socioeconómico. De acuerdo a los resultados de la prueba PISA 2016, un 75% de nuestros alumnos tiene un nivel de desempeño bajo en matemática, mientras que la brecha por nivel socioeconómico en esta misma asignatura fue de 63 y 72 puntos en el último SIMCE de cuarto y sexto básico, respectivamente. Por ello, si es posible agregar una sola palabra en esta materia a nuestros deseos de Navidad, éste sería la de calidad. Calidad de los procesos educativos al interior de las salas de clases, atrayendo mejores candidatos a las carreras de pedagogía, entregando herramientas a los docentes y directivos, siendo firmes en dejar fuera del sistema aquellos docentes que muestren un sostenido mal desempeño e incentivando que los mejores profesores trabajen con los estudiantes más vulnerables.

Tampoco podemos olvidar a los adultos mayores, porque sabemos que las pensiones de vejez en nuestro país son más bajas que lo deseado. Por ello, es importante perfeccionar el sistema previsional, más derechamente no a través del camino que escogió este gobierno. Se debe avanzar en aumentar el nivel de ahorro para pensiones, pero dirigir ese aumento a las cuentas individuales. Respecto a los actuales pensionados, se debe enfocar el esfuerzo en quienes más lo necesitan, procurando no generar desincentivos al ahorro ni a la formalidad laboral, como sucede con el proyecto en trámite. Así, el camino más adecuado para esto es utilizar rentas generales de la nación.

En una lista de buenos deseos no puede estar ausente la situación de La Araucanía y sus proximidades. La región ha sido golpeada por la violencia; durante el presente gobierno los hechos violentos han aumentado en un 164% con respecto al primer gobierno de Sebastián Piñera y los ataques incendiarios se incrementaron en un 298%. Al respecto, se debe reemplazar la desesperanza frente a la posibilidad de una solución al conflicto, por la esperanza de que la autoridad resuelva con firmeza combatir el terrorismo, hacer respetar el Estado de Derecho y promover la inversión en relación a una alicaída actividad económica local que resiente la falta de certeza jurídica. Por otro lado, es deseable renovar la confianza entre los actores vinculados al conflicto para que en el Consejo para la Paz en La Araucanía propuesto por el presidente electo, todos sus protagonistas sean capaces de consensuar acuerdos fructíferos para dar término al conflicto y reponer la paz social.

Por último, el regalo más grande: retomar el crecimiento económico. Esto, porque no solo redunda en más empleos, mejores salarios y mayores oportunidades para el emprendimiento, sino porque también asegura la recaudación fiscal suficiente para financiar la política social.

Es una larga lista de regalos, pero poder concretarlo haría sin duda que los años venideros sean particularmente prósperos para todos.

¡Feliz Navidad!

Columna de Susana Jiménez, Subdirectora de Libertad y Desarrollo, publicada hoy en La Tercera.-