2017: encrucijadas pendientes

Este año termina con una acumulación de riesgosas incertidumbres para la seguridad y el orden internacional. Lo inquietante es que para el próximo no se divisan soluciones para muchos de esos peligros. En todo caso, entusiasman algunas señales promisorias económicas, políticas y éticas para el 2018.

Preocupa que los riesgos estén a cargo de líderes y organizaciones que no están a la altura de los acontecimientos. Es el caso de Naciones Unidas, del impredecible y desequilibrante Donald Trump, del paranoico gobernante en Corea del Norte, de los dictadores electos y afines: Putin en Rusia, Erdogan en Turquía, Assad en Siria, los clérigos de Irán y, en nuestra región, Nicolás Maduro y Evo Morales. Ellos provocan tensiones para mantenerse en el poder. Hay también liderazgos desgastados y frágiles coaliciones en Alemania, Gran Bretaña, España e Italia. Su deterioro difícilmente les permitirá resolver el futuro de la Unión Europea, del Brexit, del independentismo catalán, del estancamiento europeo, las agresiones de Rusia a la estabilidad mundial, las crisis humanitarias en el Medio Oriente y en Asia, y los desafíos de la ciberseguridad y privacidad.

Por lejanos que parezcan los conflictos internacionales, un mal desenlace nos puede afectar severamente y poco podremos hacer para evitarlo: un enfrentamiento en Corea del Norte, además de devastador, podría paralizar y dañar gravemente nuestro comercio exterior. Lo mismo podría desencadenar la concreción del proteccionismo prometido por Trump o una crisis en el Mar de China. Preocupante sería el posible rompimiento de la gobernabilidad en Perú y Bolivia, con repercusiones migratorias, en la seguridad fronteriza, el narcotráfico y en las relaciones bilaterales.

Junto al negativo balance y a los malos augurios, hay buenas noticias.

Chile fue el único país de la región que se salvó de la corrupción de Odebrecht y se suma a Argentina en una nueva etapa de gobiernos de centroderecha que reemplazan a los fracasados de la izquierda y populistas, que por más de una década dominaron, dividieron y, en muchos casos, han empobrecido a la región.

Las elecciones de los presidentes Macri y Sebastián Piñera crean condiciones para las legítimas aspiraciones de bienestar de sus pueblos, el crecimiento económico y fortalecen la estabilidad regional. La economía mundial progresa impulsada por China y los Estados Unidos. Han surgido nuevos estándares éticos a raíz de las denuncias y castigos a la corrupción globalizada de empresas brasileñas. Se inicia una nueva era en las relaciones humanas con la generalizada condena a quienes abusen de la dignidad de las mujeres. Los avances de la ciencia y de la tecnología son incesantes y capaces de mejorar las condiciones de vida de millones de habitantes.

Habrá que promediar lo que sucedió el 2017 para transitar con entusiasmo el 2018.

 

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-