Responsabilidad en las migraciones

Se estima en 800 mil a los extranjeros residentes en Chile. En un futuro próximo bordearán el millón. La cantidad exacta ya deberíamos conocerla del último censo que sigue atrapado por los misterios de la burocracia. Por impactante que parezca el número de extranjeros avecindados, es del orden del 4% de la población, un tercio del promedio de los países de la OCDE y bajo del americano. Hay lugar para muchos más.

El sostenido y significativo ingreso de extranjeros habla bien de las instituciones nacionales, del respeto por los derechos y por los aportes de los extranjeros. Chile necesita de migrantes por razones demográficas, para crecer y para enriquecer su capital humano.

Abrirse a las migraciones es una responsabilidad que no hemos asumido debidamente.

Lo primero es por qué el Gobierno no le ha otorgado los medios ni se le ha reconocido la importancia al Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Su desempeño es casi heroico. Carece de fondos para agilizar y evaluar los procesos migratorios. Lo demuestran las colas, el déficit de información sobre el tema y las dilaciones en la tramitación de las visas. Cuenta apenas con poco más de 300 millones de pesos para asistencias humanitarias a miles de migrantes en extrema pobreza y con serias dificultades de integración. El Estado autorizó indiscriminadamente su ingreso y luego no se hace cargo de ello.

La segunda falencia es el descontrol fronterizo y los ingresos ilícitos. Fronteras abiertas a las migraciones no significa renunciar a la soberanía, a la seguridad de la población, al control migratorio y a la imposición de visas cuando los abusos y fraudes son sistemáticos desde un determinado país. Ya suman cerca de cuarenta mil los supuestos turistas haitianos y un número considerable queda indocumentado, en abyecta pobreza, vulnerables por barrera idiomáticas y carentes de toda asistencia para su integración. La Cancillería y los diputados han solicitado establecer visa para este caso, y el Ministerio del Interior aún no se pronuncia.

Por último, no hay facilidades especiales para las visas de emprendedores y extranjeros con conocimientos calificados. Notable es el informe de Pablo Neruda sobre los refugiados transportados por el "Winnipeg", que incluía la selección de intelectuales, profesores y, mayormente, técnicos y obreros calificados. El poeta coincidía con los expertos sobre la combinación de lo humanitario con lo que es conveniente para las necesidades del país.

En la década de las migraciones, el Gobierno no las asume con responsabilidad. Detuvo la tramitación del correspondiente proyecto de ley enviado por el Presidente Piñera y no ha modernizado las políticas ni los servicios migratorios. Un nuevo estatuto migratorio quedará como otra promesa presidencial incumplida.

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-